A punto de perder uno de sus partidos que reciben la etiqueta de "marcador engañoso", Juan Martín del Potro persevera.

Su premio será levantar de sus butacas a los más de 24.000 espectadores en el estadio Arthur Ashe al anotarse uno de los mejores puntos de la noche del jueves: es un revés cruzado que pica en un ángulo imposible. Con el público rugiendo, el gigante argentino brinca sobre una cartel de publicidad y agita sus brazos.

Pero es un instante pasajero. Al rato, Novak Djokovic dicta el control del último game del duelo y el campeón vigente visa su pasaporte a las semifinales del Abierto de Estados Unidos con una victoria 6-2, 7-6 (3), 6-4. ¿Fácil en tres sets? Fue más complicado.

"Jugamos unos puntos y peloteos increíbles", dijo Djokovic, quien el sábado enfrentará David Ferrer en su décima final consecutiva en un Grand Slam.

"La gente la pasó muy bien y yo también", dijo Del Potro. "Hicimos un partido entretenido".

El choque enfrentó por tercera vez en cosa de un mes a un par de campeoones del US Open y los únicos dos hombres que han sido capaces de derrotar a Roger Federer y Rafael Nadal en un mismo Grand Slam.

Y ofrecieron un recital, particularmente en un segundo set que dejó a Del Potre masticando "amargura, bronca y angustia".

También se dio varios golpes en la cabeza con su raqueta, frustrado por la impenetrable defensa del serbio y los golpes de éste que casi siempre mordían la línea.

"Pude haber ganado el segundo set. Del primero no puedo hablar mucho, pero el resto del partido fue muy parejo", declaró Del Potro sobre un parcial que duró 84 minutos y que se jugó con un tenis superlativo. "Ese segundo set pudo haber cambiado la historia, pero le tocó a él".

Tampoco le ayudaron los dictámenes del Hawkeye — la tecnología que permite cerciorar si la pelota entró adentro o afuera — que le dieron varios puntos a Djokovic.

"Tenía ganas de romper el aparato ese", dijo Del Potro. "Estos tipos juegan a las líneas, es así y todas fueron adentro".

Así la "Torre de Tandil" ve bajarse el telón de su temporada en las cuatro grandes citas de la temporada, en las que la barrera imposible de superar fue la etapa de cuartos de final.

Perdió en esa instancia ante Roger Federer en Australia y Francia, mientras que cayó contra Ferrer en los octavos de final de Wimbledon.

Han transcurrido tres años desde el momento cumbre del argentino, cuando primero superó a Nadal en semifinales y luego a Federer en la final en el cemento de Grand Slam.

No ha vuelto más a una final o una semifinal de las grandes citas. Se perdió casi todo el 2010 tras operarse la muñeca derecha, impidiéndole hacer la defensa de su único título de Grand Slam. Sus títulos recientes han sido conseguidos en torneos de segundo nivel en el circuito, como Estoril y Marsella.

Su gran logro fue haber vencido a Djokovic por la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres el mes pasado, convirtiéndose en el primer podio de un varón argentino en individuales.

Pero el actual número ocho del mundo tiene un déficit: esa victoria ante Djokovic en el césped de Wimbledon es la única que puede contabilizar de sus últimos nueve partidos contra los tres primeros del ránking.

¿Qué le falta para volver al nivel de 2009?

"Estoy cerca, pero me falta. Aún hay que acortar la diferencia", dijo Del Potro. "Lo busco lo antes posible y para eso hay que seguir trabajando".