México ha emprendido un ambicioso proyecto cultural en colaboración con el ayuntamiento de Venecia para tener una sede permanente en la Bienal de Arquitectura y la Bienal de Arte que se celebran en la emblemática ciudad italiana.

A cinco años de su primera participación oficial en la Bienal de Arte, México logró un acuerdo de colaboración con el gobierno de la ciudad para tener una sede fija en las bienales mencionadas por los próximos 10 años. La sede elegida fue la Iglesia de San Lorenzo, un edificio cuyos primeros cimientos datan del siglo II y que estuvo cerrado al público 30 años.

Las negociaciones entre el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), la Secretaría de Relaciones Exteriores y el ayuntamiento de Venecia para obtener en comodato de uso de la iglesia se extendieron casi cuatro años y se formalizaron recientemente. Una de las principales dificultades fue la falta de un marco legal, pues se trata de una colaboración sin precedentes.

"No existía el marco administrativo y legal tanto en Venecia como en México para poder llevarlo a cabo, por eso la negociación se tomó tanto tiempo, porque se tuvieron que poner de acuerdo sobre cómo levantar las actas y cómo hacer el procedimiento burocrático, legal y administrativo que permitiera a la ciudad de Venecia entregarle a México una parte de su patrimonio ... Del mismo modo en México tuvieron que crear toda una serie de condiciones legales y administrativas", dijo Gastón Ramírez, comisario del Pabellón Mexicano.

Finalmente las llaves de la iglesia fueron entregadas a México casi tres semanas antes de que arrancara la XIII Bienal de Arquitectura, el 29 de agosto.

"En tres semanas le pusimos turbo", dijo Ramírez. "Pudimos abrir la iglesia, pudimos darle una manita de gato, bastante profunda, sacamos como siete metros cúbicos de escombros, de pichones muertos y caca de paloma ... Tú ves las fotos del antes y del después y parece que la vestimos de novia".

Ante la premura, se decidió presentar los proyectos de México en una estructura al exterior de la iglesia, con andamios, lonas y plásticos similares a lo que se vería en una obra en construcción. La muestra de la bienal está montada en un túnel donde se presentan 13 proyectos elegidos para representar a México realizados por 15 estudios de arquitectura.

A cada uno de los proyectos corresponde un monitor donde se ven entrevistas a los arquitectos y el avance de las construcciones. Por fuera el pabellón tiene un gran muro pintado con franjas de colores brillantes que remiten a las "obleas", un dulce mexicano de amaranto que se caracteriza por sus tonalidades brillantes. La exposición fue curada por el arquitecto español Miquel Adria.

La Bienal de Artes se inauguró en 1895 y desde entonces 34 países, incluidos Uruguay, Venezuela y Brasil, tienen su sede en los jardines donde se ha desarrollado tradicionalmente. La Bienal de Arquitectura surgió en 1980.

Ambas bienales siguieron creciendo y llevaron a que se incluyera el "arsenale", donde estaba el astillero de la fuerza naval veneciana, como espacio para otros pabellones como el de Argentina.

Muchos artistas mexicanos habían participado en la bienal de arte de forma individual, desde 1914. En arquitectura también hubo representación de forma individual.

México participó por primera vez como delegación en la Bienal de Arte de 2007 con un pabellón oficial, pero su espacio era rentado. "Eso implicaba obviamente un gasto fijo que no se podía recuperar", dijo Ramírez. Por lo que en vez de invertir cada año recursos irrecuperables se buscó la posibilidad de tener una sede permanente.

"En términos económicos de cuando empezamos a cuando terminemos, por ahí del 2023, habremos ahorrado 50% de lo que habríamos pagado como renta", explicó el encargado.

Bajo el acuerdo México pagará 1,5 millones de euros (1,9 millones de dólares) y tendrá derecho sobre el edificio, mientras que con ese dinero se harán intervenciones de restauración.

"No vamos a poder restaurar toda la iglesia, lo que se va a hacer es detener el deterioro, atacar los problemas estructurales o estéticos o de decoraciones más urgentes y recobrar la seguridad para que la gente pueda entrar", dijo Ramírez.

De hecho, San Lorenzo estuvo a punto de ser demolida y en su interior quedaron interrumpidas excavaciones arqueológicas que no pudieron concluirse por falta de recursos. Al final la ciudad decidió mantenerla cerrada por 30 años. Por eso, otro de los atractivos del proyecto es que México propuso hacer una serie de revisiones constantes del edificio con la instalación de dispositivos electrónicos para vigilar que no haya movimientos estructurales o cambios de otro tipo.

México gastaba 150.000 euros (192.000 dólares) al año por la renta del espacio sólo para las bienales; con el plan de comodato se considera que con los años se podría mantener el espacio abierto permanentemente para presentaciones de teatro, danza o cine.

"Esto permitiría salir de la lógica bienal", dijo Ramírez, y hacer algo diferente a los jardines que durante seis meses al año dejan de tener vida en sus pabellones.

Las obras de restauración y adecuación de la Iglesia serán realizadas por empresas italianas y se espera que estén listos para 2014.

En el 2007 México recibió a 50.000 visitantes en su pabellón. Hasta el jueves 30 de agosto el pabellón mexicano de la Bienal de Arquitectura había registrado 2.500 visitas, que según Ramírez podrían identificarse en tres grupos diferentes.

El primer grupo es el del arquitecto que "se maravilla y dice, 'México está haciendo las cosas bien''', como la recuperación de espacios que estaban deteriorados para convertirlos en centros culturales, que es "el reflejo exacto de lo que estamos haciendo en San Lorenzo", dijo Ramírez.

El segundo grupo es el de los turistas despistados que van por Venecia y de pronto se encuentran ese muro gigante de colores en una plaza sin imaginarse que es un pabellón "y automáticamente se lanzan para ver qué es lo que está pasando y cuando descubren que es el pabellón mexicano dicen, '¡Guau! ¿Cómo es posible que México haga esto?''', agregó.

Y finalmente están los vecinos, quienes todos los días pasan frente a la iglesia y nunca la habían podido ver por dentro.

Los vecinos han vivido en el pabellón "momentos tan emotivos como una viejita que la llevaron sus nietos porque le dijeron, '¿Sabes que van a abrir San Lorenzo?' Y ella dijo, '¡Uy!, yo me acuerdo que un día entré cuando estaba chiquita', y la llevaron y la señora se puso a llorar y agradeció a todos nosotros, a México y a Dios que la había podido llevar antes de morir", contó Ramírez.

La exposición de la Bienal de Arquitectura en Venecia continuará abierta al público hasta el 25 de noviembre.