El terremoto que sacudió el viernes las provincias de Yunnan y Guizhou, en el suroeste de China, ha dejado ya al menos ochenta muertos y más de 700 heridos, según las cifras oficiales divulgadas hoy.

El Departamento de Asuntos Civiles de Yunnan espera que el número pueda aumentar a medida que los equipos de socorro logren llegar a aldeas montañosas de difícil acceso, donde las infraestructuras de comunicaciones y el suministro de electricidad ha quedado muy dañados por el seísmo.

Más de 100.000 personas quedaron evacuadas, mientras que otras 100.000 requieren nuevo alojamiento después de que el temblor destruyera en la provincia 6.650 viviendas y dañara otras 430.000, según los datos divulgados por la agencia oficial Xinhua.

En Guizhou, según estos datos, dos personas quedaron heridas y más de 10.000 casas han quedado dañadas por los temblores de tierra.

Las pérdidas económicas, según el Departamento de Servicios Sociales de Yunnan, alcanzan ya los 3.500 millones de yuanes (551 millones de dólares).

El Departamento ha comenzado a enviar ya asistencia de socorro a la zona afectada por los desastres, incluidas miles de tiendas de campaña, mantas y abrigos para los afectados.

El terremoto se registró pasadas las 11.00 horas locales (03.00 GMT) del viernes en la zona fronteriza entre las provincias de Yunnan y Guizhou, según datos del Centro de Control de Terremotos de China.

El seísmo, cuyo epicentro se ubicó a unos 15 kilómetros del centro de Yiliang y a una profundidad de 14 kilómetros, fue seguido de hasta 16 réplicas.

En Guizhou, de momento, sólo se han reportado daños materiales pero ninguna víctima mortal.

Las autoridades, no obstante, estiman que el número de afectados de ambas provincias asciende a 700.000.

El oeste de China es una zona con frecuente actividad sísmica. En 2010, un temblor de 7,1 grados en la provincia de Qinghai (centro oeste) dejó un saldo de 300 muertos y más de 8.000 heridos.

Fue en esta misma zona pero en la provincia de Sichuan donde se registró en 2008 el terremoto más grave en más de tres décadas en China, que dejó un saldo de 88.000 fallecidos y desaparecidos.

Entonces, buena parte del número de muertos se achacó a la escasa calidad de las construcciones, incluidas escuelas públicas.