Cientos de miles de municiones de racimo, prohibidas por una convención internacional adoptada en 2008, siguen desperdigadas en al menos 24 países, según una coalición de organizaciones que militan por su erradicación total.

Los efectos de ese tipo de municiones -lanzadas con artillería aérea o terrestre- son considerados particularmente inhumanos porque al impactar en tierra liberan decenas o cientos de submuniciones que se esparcen en una superficie que hace difícil distinguir entre civiles y objetivos militares.

Por ello, su impacto humanitario es grave, sobre todo cuando se usan cerca de zonas pobladas.

Esas municiones no siempre estallan con el impacto, con lo que se convierten en minas antipersonales que matan y mutilan a personas -una tercera parte de las víctimas son niños- mucho tiempo después del termino de los conflictos.

En la presentación hoy de su informe mundial sobre los avances en la aplicación de la Convención contra las Municiones de Racimo, la coalición que trabaja por su eliminación reveló que desde 2008 se han destruido 750.000 unidades, que contenían 85 millones de submuniciones, lo que representa el 60 % de las existencias declaradas.

"Se trata de un hecho histórico para la diplomacia del desarme humanitario", declaró Mary Wareham, editora final del documento y representante de la ONG "Human Right Watch".

Wareham explicó a EFE que lamentable se observa "escaso movimiento" en favor de la convención en países como Rusia y China, que tratan "como un secreto" la cuestión del número de municiones de racimo que poseen.

"Observamos un avance impresionante y de buena fe por parte de los países que han suscrito la convención, pero de otro lado enfrentamos el problema de la falta de transparencia de aquellos que rechazan unirse a ella", sostuvo la experta.

Estados Unidos es un caso particular pues aunque no ha firmado la convención ha informado de manera voluntaria sobre el número de esas municiones que almacena y que llegan a seis millones.

Los datos disponibles indican que 17 países siguen produciendo ese armamento, pero ninguno lo ha utilizado en años recientes con las excepciones de Israel en 2006 en el conflicto con Líbano, Estados Unidos durante la invasión de Irak en 2003 y Rusia hace más de una década en Chechenia, precisó Wareham.

"Para nosotros éstos son los países más problemáticos", dijo la principal autora del informe.

Sobre las alegaciones de su reciente utilización en Siria y Sudán, señaló que aunque no pueden ser confirmadas se dan por creíbles.

Desde 2088 ha ratificado la convención 75 países convirtiéndose en miembros de pleno derecho de la misma, aunque sobresale la ausencia de algunos de los más grandes productores: Estados Unidos, Rusia y China.

El informe destaca que sólo en 2011 diez países signatarios de la convención destruyeron más de 107.000 municiones de racimo y un total de 17,6 millones de submuniciones, y países con provisiones importantes (Holanda, Reino Unido, Suecia, Italia, Japón y Alemania) han indicado que pronto completarán la eliminación de esas armas.

La convención ofrece un plazo de ocho años para la destrucción de este tipo de municiones.