La OCDE revisó hoy a la baja las perspectivas económicas de los países del G7, a excepción de Japón, por la recesión que atraviesa la zona euro, sobre la que pidió una acción política que restablezca la confianza en sus bancos, en su integridad y en la viabilidad de las deudas soberanas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) calculó que el Producto Interior Bruto (PIB) del G7 en su conjunto crecerá un 1,4 % este año, y no descartó el riesgo de que una mayor inestabilidad en la eurozona tenga un mayor impacto global, ni que los problemas de déficit en Estados Unidos pongan allí en peligro la "débil recuperación" y conduzcan a la recesión.

En su informe provisional de previsiones a corto plazo, en el que se limita a dar cifras de los siete países más ricos sobre este año, la organización empeoró las expectativas para seis de ellos, y en particular para los europeos.

En concreto, indicó que Italia sufrirá en 2012 una recesión del 2,4 %, en lugar de la caída del 1,7 % que auguraba en mayo, y que también retrocederá la economía británica un 0,7 %, en lugar de crecer un 0,5 %.

Francia progresará únicamente un 0,1 %, en lugar del 0,6 % que se preveía en su estudio de mayo, Alemania un 0,8 % (frente al 1,2 %), de forma que las tres grandes economías de la moneda única europea caerán en su conjunto un 0,2 %.

En norteamérica, el PIB de Estados Unidos subirá un 2,3 %, en lugar del 2,4 % estimado en mayo, y Canadá un 1,9 %, comparado con el 2,2 %.

La gran excepción será Japón, con un incremento de la actividad del 2,2 %, superior al 2 % contemplado en primavera, aunque también había sido el único miembro del G7 que había sufrido una caída del PIB el pasado ejercicio (-0,8 %).

El economista jefe de la OCDE, Pier Carlo Padoan, hizo notar que la crisis de la eurozona y su menor demanda hacia el exterior ha afectado a la confianza en todo el mundo, con una ralentización de la actividad y el comercio.

Padoan constató igualmente que los ajustes fiscales, aunque necesarios a medio plazo, están teniendo un efecto de agravamiento de la actividad a corto plazo.

Indicó que los mercados financieros dejan poco margen, así que los países europeos bajo presión tienen que continuar la consolidación fiscal, pero puntualizó que los otros podrían, para compensar, tomar medidas de estímulo.

Paralelamente, la OCDE instó al Banco Central Europeo (BCE) a que rebaje sus tipos de interés y a que actúe contra los temores de una explosión de la moneda única, algo que a su juicio se podría conseguir con una intervención en los mercados de deuda para limitar las primas de riesgo a niveles que se justifiquen por los fundamentos económicos.

En el "necesario reequilibrio de las economías de la zona euro", los países con problemas por sus deudas soberanas tienen que proceder a recortes del gasto público y de los salarios y aplicar reformas estructurales, aconsejó.

Para los otros, la receta es -al contrario- aumentar los sueldos, el consumo y la inversión, con mayores tasas de inflación, en una apenas velada alusión a Alemania.

Para Estados Unidos, la organización también pidió que se contemple un abaratamiento del precio del dinero si se deteriora la situación del mercado laboral o si el ajuste fiscal en 2013 se demuestra excesivo, como teme.

El conocido como el "Club del mundo desarrollado" advirtió de que, además de los señalados riesgos intrínsecos de la zona euro y Estados Unidos, también lo constituye la escalada de los precios del petróleo por la situación geopolítica y por la posibilidad de problemas de abastecimiento.