Jeremy Irons, con una de las carreras más prestigiosas en cine, televisión y teatro, descarta aún retirarse de la interpretación y asegura que en el futuro, más que recordado, le gustaría saber que fue querido por los espectadores.

Alto, elegante, apuesto y con la misma clase que destila en muchos de sus papeles más recordados, el intérprete, que estrena mañana en EE.UU. el drama literario "The Words", charla con un grupo de cuatro medios, entre ellos Efe, acerca de su dilatada carrera profesional a la vez que promete interpretar muchos más papeles mientras la salud se lo permita.

Y lo hace mientras lía unos cigarrillos que sin duda han ayudado a dar forma a su personal y profunda voz.

"No tengo el mismo entusiasmo que de joven. Veo a mi hijo de 25 años y disfruto con su excitación. Yo me siento más apático ahora", dice Irons, que cumplirá 64 años en dos semanas y que es un tremendo perfeccionista al que ni siquiera sus cuatro décadas en el mundillo han modificado un ápice su carácter.

"Debo tener cuidado con eso. Existe una línea muy fina entre ser un perfeccionista y un cabrón", afirma entre risas.

Ganador del Óscar al mejor actor por "Reversal of Fortune" (1990) y protagonista de películas como "M. Butterfly" (1993), "The House of the Spirits" (1993), "Die Hard: With a Vengeance" (1995) o "The Merchant of Venice" (2004), Irons admite que le gustaría dejar una impronta en el público.

"¿Recordado? Me gustaría saber que fui querido. Saber que a la gente le gustaba mi trabajo y que siempre lo consideró interesante", explica el inglés, quien destaca de su carrera obras como "Lolita" (1997) -"me siento muy orgulloso de ella", declaró-, "Waterland" (1992) -"ahora me parece extraordinaria"- y "The Mission" (1986) -"qué buena película...", apostilla-.

Pero ni siquiera en la calidad de esas cintas encuentra Irons alivio por lo que pudo ser y no fue, al menos en su opinión.

"Nunca quedo completamente satisfecho. Siempre pienso que podía haber hecho cosas distintas. Nunca nada es tan bueno como deseas que sea", declaró Irons, últimamente más centrado en la televisión gracias, especialmente, a la serie "The Borgias", con la que ha rodado hasta ahora tres temporadas.

Apostar por la televisión fue una decisión sencilla para Irons.

"El tipo de películas que solía hacer en mi carrera se estaban agotando porque son difíciles de financiar. Al mismo tiempo crecía la calidad de los guiones en la televisión por cable estadounidense, con series como 'The Wire' o 'Boardwalk Empire', con una audiencia enorme. Antes pensaba: "¿para qué trabajar tanto y tan duro en televisión si la gente va a estar viendo el fútbol?", comenta Irons.

"Ahora la gente puede ver su serie favorita cuando y como quiera", añade.

Irons nunca fue un producto de Hollywood. Nunca consideró Los Ángeles su casa -Irlanda e Inglaterra tienen ese honor-, pero es ahora cuando más alejado se siente de esta industria.

"Para mí Hollywood siempre ha sido dirigido por gente que quiere ganar dinero, y eso nunca fue lo que me atrajo del cine, sino contar historias", declara el actor. "Hay un gran espacio entre lo que yo siento y lo que existe aquí", agrega.

Irons no es amigo de los grandes presupuestos ni de los efectos especiales, pero es feliz siguiendo su propio camino.

"Coincidí con Bruce Willis en Budapest. Él rodaba la quinta parte de 'Die Hard' y yo estaba allí con 'The Borgias'. Sé que yo me lo estaba pasando mejor que él", manifestó.

A él, a estas alturas, solo le preocupa vivir el momento, ya sea en soledad o acompañado por sus seres queridos.

"Cuanto más viejo me hago más me doy cuenta de que las cosas materiales no tienen importancia; solo importan las personas. La riqueza no da la felicidad; esta llega a través de la lealtad, el respeto y el amor en las relaciones humanas. La calma y la paz me hacen feliz. Ya sea en mi velero, en mi caballo o esquiando", concluye.

Antonio Martín Guirado