El presidente de Egipto dio el miércoles su primer gran discurso de política exterior, en el que instó al régimen del presidente sirio Bashar Assad a dimitir antes de que sea demasiado tarde, le advirtió a Irán que no interfiera en los asuntos árabes y manifestó su apoyo a los esfuerzos palestinos para obtener la condición de miembro pleno de las Naciones Unidas.

Dirigiéndose a ministros árabes de Relaciones Exteriores reunidos en El Cairo, Mohamed Morsi esbozó los objetivos de política exterior de su gobierno, más de dos meses después de que asumió el cargo como el primer presidente libremente electo y civil de la nación.

Sus comentarios parecieron indicar su intención de posicionar a Egipto como un líder en Medio Oriente después de lo que para muchos egipcios fue un papel menos destacado implementado por su predecesor, Hosni Mubarak, que permitió que potencias no árabes como Turquía e Irán ejercieran influencia sobre la región.

Mubarak fue derrocado a principios de 2011 por una sublevación popular. Después de 17 meses de gobierno militar, Morsi derrotó al último primer ministro de Mubarak en las elecciones presidenciales y asumió el cargo en junio.

Morsi, un islamista que proviene del mayor grupo político del país, la Hermandad Musulmana, escogió la política exterior como el espacio para dejar su marca como el nuevo líder del país árabe más poblado y, en teoría, la potencia tradicional de la región.

Comenzó el mes pasado en Teherán, la capital iraní, con un discurso sorprendentemente contundente durante una reunión de la cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Expresó su apoyo a los rebeldes sirios contra el "opresivo" régimen de Damasco.

Esos comentarios tuvieron una importancia adicional dado que los hizo en Irán, el aliado más cercano de Assad y el principal apoyo extranjero del régimen sirio.

Morsi continuó el miércoles en la misma línea.

"Le digo al régimen sirio que todavía hay una oportunidad para detener el derramamiento de sangre", afirmó Morsi. "No hagan caso a las voces que los incitan a mantenerse porque no van a estar allí por mucho tiempo. No hay lugar para retrasar aún más una decisión que detendrá el derramamiento de sangre".

"Es demasiado tarde para hablar de reformas; este es el momento para el cambio. El régimen sirio debe aprender de la historia reciente", dijo. Se refería a la suerte de los regímenes autoritarios en Túnez, Libia, Egipto y Yemen, derrocados por los levantamientos de la llamada Primavera Arabe.

El conflicto sirio comenzó hace casi 18 meses con protestas mayoritariamente pacíficas que exigían la salida de Assad, quien sucedió a su padre, Hafez Assad, en el 2000. Más tarde el alzamiento se transformó en una guerra civil, cuando la oposición se alzó en armas en respuesta a la violencia del régimen para reprimir las protestas.

Al menos 20.000 personas han muerto desde que comenzó la insurrección popular en marzo de 2011, según activistas opuestos al régimen.