La concesión de microcréditos en Brasil, con cantidades que varían entre 500 y 20.000 reales (de 250 a 10.000 dólares), ha dado un impulso a los pequeños comercios en favelas y barriadas de todo el país.

Diferentes tipos de negocios, desde peluquerías, talleres mecánicos, tiendas de alimentación o de ropa han surgido de la mano de la emergente clase popular de Brasil estimulados por el préstamo bancario de pequeñas cantidades de dinero.

Conscientes del éxito de estas iniciativas, varios bancos han creado líneas de microcréditos y algunos, como el Santander y el Bradesco, han abierto agencias en favelas de Río de Janeiro para atender a esa nueva clientela.

Emprendedores que no tienen acceso a los mecanismos tradicionales de crédito encuentran en esta fórmula bancaria una oportunidad de comenzar nuevos negocios o mejorar los ya existentes.

Un ejemplo de este desarrollo económico lo da Edinalva Teixeira Mendoza, madre de cinco hijos a sus 40 años y habitante de una barriada de la periferia de Sao Paulo.

Teixeira explicó hoy a Efe que pidió un crédito de 1.000 reales (unos 500 dólares), hace algo más de dos años, para poder abrir una tienda de venta de artículos de belleza y regalos en el garaje de su casa.

"No tenía dinero para invertir, pero sí mucha voluntad de trabajar", dijo por teléfono Teixeira, quien agregó que no podía buscar empleos que la alejaran de casa y la apartaran del cuidado de sus hijos.

Teixeira ha renovado el crédito cada seis meses para poder comprar mercadería, pintar la tienda, instalar un portero automático y otras mejoras que impulsan su negocio.

En un informe reciente, la Cámara de Comercio de Río de Janeiro mostró que desde que llegaron las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), comisarías establecidas en las barriadas de la ciudad desde 2008, el número de tiendas ha aumentado un 26 por ciento.

El estudio mostró además que los establecimientos encuestados aseguraron que sus ventas aumentaron entre un 32 y un 46 por ciento.

Marcelo de Melo, es una de esos pequeños emprendedores que dejó de vender dulces y flores a pie al conseguir un microcrédito de 7.000 reales (unos 3.500 dólares) para comprar una furgoneta con la que vender frutas frescas en la favela de Rocinha, en Río de Janeiro.

"La Rocinha es como una madre, aquí se vende de todo. Pero quien no crece, desaparece", dijo a Efe De Melo.

La directora ejecutiva de Desarrollo Sostenible del Banco Santander en Brasil, María Luisa Pinto, aseguró a Efe que el 80 por ciento de los microcréditos que conceden son renovados por los clientes.

Según sus propios datos, el Santander es el segundo operador de microcrédito del país y el primero entre los bancos privados.

Pinto señaló que la inclusión social y financiera es uno de los ejes de su política y que aunque trabajan "desde la esencia de ser un banco y generar beneficios" consideran que estos temas deben estar dentro de su responsabilidad social.

El Santander ha abierto puntos comerciales en favelas como la del Complexo do Alemao, conocido bastión de bandas de narcotraficantes que fue tomado por el ejército y la policía en noviembre de 2010, así como en otras barriadas de los estados de Pernambuco o Sao Paulo.