Mario Draghi tiene otra oportunidad el jueves de explicar cómo pretende el Banco Central Europeo bajo su mando rescatar a los 17 países de la eurozona de un desastre financiero.

Ha habido muchas expectativas desde fines de julio, cuando el director del BCE prometió hacer "lo que sea necesario" para mantener unida a la eurozona. A la semana siguiente, el 2 de agosto, Draghi dio a conocer los parámetros generales de un plan para adquirir bonos gubernamentales a fin de ayudar a los países de la zona del euro agobiados por el enorme peso de su deuda soberana.

Hasta entonces, naciones como España e Italia han visto catapultarse el interés de sus bonos hasta cuotas insostenibles a mediano y largo plazo. Los inversionistas temen que ambos países lleguen pronto a una situación tan acuciante que no puedan efectuar sus pagos y soliciten un plan de rescate.

Esa situación ha ocurrido ya en tres ocasiones en la eurozona, en Grecia, Irlanda y Portugal. El temor es que las economías de España e Italia son demasiado grandes como para ser rescatadas y, si no pueden pagar sus deudas a tiempo, podría desatarse una crisis financiera si se disuelve la zona de la moneda común, crisis que se extendería al resto de la economía mundial.

Los analistas dijeron que los comentarios del jueves de Draghi seguramente quedarán limitados por el hecho de que el BCE sigue trabajando en el plan. El director del banco tiene que compaginar las promesas y los medios para calmar las dudas de los mercados al tiempo que empuja a los políticos europeos a adoptar medidas adicionales.

Mediante la compra de bonos soberanos en el mercado libre, el BCE puede elevar los precios de dichos bonos, lo que abarataría sus tasas de interés y reduciría el precio del dinero que deben pagar las naciones endeudadas a los inversionistas.

En teoría el BCE no tiene límite del dinero que puede utilizar en la compra de bonos. Como banco central, puede "imprimir dinero" para pagar los bonos simplemente agregándolo a las cuentas bancarias de reservas.