Representantes alemanes e israelíes de la política y el deporte recordaron hoy cerca de Múnich el atentado hace 40 años contra el equipo olímpico israelí que dejó 17 muertos, en un emotivo acto en el que no faltaron los reproches por el papel desempeñado por las autoridades durante aquella tragedia.

"Todo el mundo democrático quedó afectado", declaró el primer ministro bávaro, el socialcristiano Horst Seehofer, durante el acto central en memoria de las víctimas, celebrado en el antiguo aeropuerto militar de Fürstenfeldbruck, escenario del sangriento desenlace del secuestro perpetrado por un comando palestino.

En este aeródromo murieron nueve deportistas de los once rehenes -dos deportistas ya habían sido abatidos en la villa olímpica-, un policía alemán y cinco de los ocho terroristas.

Seehofer y el ministro del Interior alemán, el socialcristiano bávaro Hans-Peter Friedrich, llamaron durante la ceremonia a extremar la vigilancia contra el terrorismo internacional.

"Los rehenes no pudieron ser salvados. Lo lamentamos profundamente", agregó el primer ministro bávaro.

Ankie Spitzer, viuda de Andre Spitzer, entrenador de esgrima fallecido en el ataque terrorista, subió al estrado y dijo hablar "desde la profunda tristeza y con el corazón dolorido".

En nombre de todos los familiares de las víctimas y de los supervivientes de aquella tragedia, Spitzer prometió "no dejar nunca de recordar la masacre" a los demás.

Al mismo tiempo exigió a Alemania abrir una nueva investigación "sobre los errores de las autoridades" en el fallido intento de liberación de los rehenes.

En tanto, el viceprimer ministro israelí, Silvan Shalom, llamó a la comunidad internacional a enfrentar el terrorismo contra el Estado de Israel, al tiempo que lanzó un duro ataque a Irán por querer desarrollar la bomba atómica, agregó, "para eliminar a Israel".

También el presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Dieter Graumann, acusó a los organismos de seguridad alemanes de graves errores durante la negociación con los terroristas.

"Los organismos de seguridad de entonces mostraron un diletantismo desastroso, como no nos lo podríamos haber imaginado nunca", declaró Graumann, quien agregó que "de autocrítica (por parte de las autoridades), ni rastro".

Además, calificó de fría la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de continuar con los juegos tras una breve suspenso.

"El ser humanos fue, es y continuará siendo capaz de cometer una barbarie", declaró la presidenta de la comunidad israelí de Múnich y de Alta Baviera, Charlotte Knobloch, quien agregó que no fue un atentado contra Israel o los judíos, "sino un ataque contra todos".

El jefe de del distrito de Fürstenfeldbruck, el socialcristiano bávaro Thomas Karmasin, calificó la ceremonia de momento histórico y declaró: "Es nuestra promesa mantener vivo el recuerdo también en el futuro".

Alemania comenzó esta mañana con una ofrenda floral en la villa olímpica de Múnich los actos en recuerdo del atentado perpetrado hace 40 años por el comando "Septiembre Negro" para reclamar la excarcelación de 234 presos palestinos.

En esta primera ceremonia participaron además del viceprimer ministro israelí, el alcalde de Múnich, el socialdemócrata Christian Ude; el presidente de la Federación Olímpica Alemana, Thomas Bach; y familiares de los deportistas fallecidos.

Tras un encuentro en Múnich con el viceprimer ministro israelí, Seehofer anunció, además, que la capital bávara planea erigir un monumento en memoria de los fallecidos en el atentado

"No podemos curar las heridas, pero podemos intentar paliar el dolor", declaró Seehofer, quien agregó: "Después de 40 años todavía contemplamos con dolor, tristeza y consternación la barbarie de este acto terrorista".

"Es un gesto que tanto Israel como yo personalmente apreciamos mucho", dijo por su parte Shalom, quien señaló que el atentado contra el equipo olímpico de su país "hirió al conjunto del pueblo israelí, sobre todo porque tuvo lugar en territorio alemán".

Los de 1972 pretendían ser unos "Juegos felices" en contraposición a los celebrados en 1936 durante la Alemania nazi, lo que se tradujo en unas medidas de seguridad sorprendentemente laxas y en una discreta presencia policial, según el relato de algunos de los deportistas de diversas nacionalidades que residieron en la villa olímpica.

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Elena Garuz