Eduardo Arellano-Félix, el último hermano de la banda familiar que dominó el tráfico de drogas en la frontera de California y México y que fue extraditado a EE.UU. el viernes, se declaró hoy no culpable de los cargos en su contra frente a la corte federal de San Diego, informaron medios locales.

En la audiencia programada para hoy, a Félix se le asignó un abogado de oficio (Bryan Funk), quien tiene tres días para hablar con el acusado antes de que sea presentado de nuevo ante la juez Margaret Major este viernes.

Entonces tendrá la oportunidad de apelar la decisión de negarle la libertad bajo fianza.

Félix, arrestado hace cuatro años por soldados mexicanos en su escondite de Tijuana, se enfrenta a cargos de asociación criminal, lavado de dinero y tráfico de drogas por su supuesto papel como líder del cartel.

Según describen los medios locales, Félix apareció calmado y escuchó las indicaciones de la juez Major a través de un intérprete español en su primera intervención judicial, que apenas duró unos minutos.

El arresto de Félix, el último de los hermanos que han sido extraditados a EE.UU., se produjo el 25 de octubre de 2008.

El cartel de los Arellano-Félix, controlado por los hermanos Benjamín, Javier, Ramón y Eduardo, monopolizó las rutas de tráfico de drogas durante más de 20 años a través de Tijuana, hasta la muerte de Ramón en 2002 y la captura de Javier en 2006.

El otrora líder del grupo, Benjamín Arellano-Félix, fue extraditado desde México en abril de 2011 y fue sentenciado a 25 años de prisión en una corte federal de San Diego en abril pasado.

Otro hermano, Francisco, cumple cadena perpetua tras su captura en 2006 por la Guardia Costera de EE.UU., mientras que Francisco Rafael Arellano-Félix fue deportado a México en 2008 después de cumplir una sentencia de ocho años en ese país por vender cocaína.

Ramón Arellano-Félix fue asesinado en Sinaloa en 2002.

La orden de extradición de Eduardo Arellano-Félix fue aprobada en 2010. Desde entonces se le denegaron todas sus apelaciones.

El cartel de los Arellano-Félix se consolidó como una de las organizaciones multinacionales de más poder en el tráfico de drogas, controlando el flujo de cocaína, marihuana y otras drogas a través de Tijuana y Mexicali a EE.UU., y extendiendo sus operaciones hasta Colombia.

Los siete cargos contra Eduardo Arellano-Félix lo acusan también de negociar directamente con organizaciones colombianas de tráfico de drogas para la compra de cargamentos de múltiples toneladas de cocaína, las cuales recibía por aire y tierra en México antes de distribuirlos a EE.UU.