A menos de cinco semanas de las elecciones presidenciales, el candidato opositor Henrique Capriles se apresta a correr la última etapa de la maratón para llegar a los comicios del 7 de octubre que serán, asegura, cruciales para Venezuela.

Visitar 20 estados en 10 días es el plan que se ha trazado Capriles para completar la fase final de la campaña electoral que comenzó formalmente en julio, pero que el candidato opositor inició cuatro meses antes cuando se impuso como meta visitar todas las ciudades y poblados de país.

Sin duda, las encuestas son un gran aliciente para el esfuerzo final: algunas, promovidas por el gobierno, le dan al presidente Hugo Chávez una ventaja de hasta 15 puntos porcentuales, pero otras dan un empate técnico con leve ventaja para Capriles.

Luego de meses de ir abajo en todas las encuestas, un estudio realizado durante la primera quincena de agosto por la firma local Consultores 21, una de las principales del país, reveló que Capriles cuenta con una intención de voto de 47,7% mientras que Chávez tiene un apoyo de 45,9%.

La encuesta, que tiene un margen de error de 3,2 puntos, se realizó entre 1.000 personas a nivel nacional.

Independientemente de los resultados de las encuestas, Capriles asegura que ha sido acertada la campaña que ha seguido de visitar todos pueblos del país, y sostiene que eso forma parte del estilo de "hacer política en la calle" que impuso en sus más de tres años en la gobernación del estado central de Miranda, cargo que dejó a mediados de año para competir en los comicios presidenciales.

Luego de seis meses de intensos y agotadores recorridos, que han implicado casi tres vueltas completas al país, un delgado Capriles exhibe con orgullo el haber alcanzado el pasado fin de semana los doscientos pueblos visitados, hecho que considera como "inédito" en la política venezolana.

La pérdida de varios kilos, una voz ronca, y varias cicatrices en los brazos, el cuello y el rostro por rasguños son algunas de las huellas que le ha dejado al "flaco", como es llamado por algunos de sus simpatizantes, la intensa campaña electoral.

"Es tan gratificante lo que yo vivo en cada pueblo que ahí saco energía", confiesa sonriente el candidato opositor luego de tomarse dos pastillas de analgésico para aliviarse un fuerte dolor en el hombro izquierdo que le dejó un golpe que recibió, durante una visita a un poblado, mientras era apretujado por centenares de seguidores que se le abalanzaron para tocarlo, abrazarlo y besarlo.

"Creo que nunca en estos 14 años tú habías tenido un pueblo movilizado, que no está con el proyecto del gobierno, con la esperanza, con la alegría", indicó Capriles en una entrevista con Associated Press durante un viaje que realizó en autobús entre las poblaciones centrales de Montalbán y Bejuma, estado Carabobo.

En medio de la campaña electoral el dirigente opositor ha recibido de parte del oficialismo duras críticas, insultos y hasta ataques hacia su familia materna que es de origen judía.

Capriles, un abogado centroizquierdista de 40 años, dice que los ataques e insultos poco le afectan, pero cuando Chávez lo llamó nazi, hace unas semanas, decidió exigirle respeto públicamente en honor a su abuela materna fallecida, que fue una sobreviviente del Holocausto. En ese momento dijo que los venezolanos "no merecen que la campaña entre en descalificativo desde el punto de vista personal".

"Los insultos, los descalificativos para mi eso es una clara señal de debilidad. Cuando tú tienes que apelar a insultar a otros es porque le tienes temor a las ideas de otro, o tus ideas se agotaron, tus argumentos, tu discurso se agotó y eso es lo que yo siento que le está pasando al candidato del gobierno, completamente reactivo. Yo veo al gobierno hoy como era la oposición hace diez años, pero además sin foco", comentó.