Muchos argentinos que desean viajar se sienten atrapados en su propio país ante las restricciones que ha fijado el gobierno a la obtención de divisas extranjeras.

Cambiar legalmente pesos por dólares se ha hecho extremadamente difícil a raíz de iniciativas del gobierno de la presidenta Cristina Fernández que buscan evitar la salida del país de dólares y mejorar la cotización del peso, que está en declive. Nuevas normas que entran en vigor esta semana afectan ahora los gastos con tarjetas de créditos y débitos, y compras por Internet.

Hasta ahora, la gente que quería viajar tenía algunos recursos que les permitían sortear las medidas fijadas en noviembre pasado: las personas que estaban al día con el fisco y tenían pasajes en mano podían comprar hasta 100 dólares diarios por individuo por cada día que pasaban afuera. Era un proceso burocrático y molesto, y hay quienes dicen que sus solicitudes eran rechazadas con explicaciones poco comprensibles.

Las tarjetas bancarias ofrecían una salida pues le permitían a la gente hacer compras y conseguir efectivo en el exterior. Pero ahora el gobierno está frustrando esa posibilidad también, aumentando el precio de compras afuera por hasta 65%.

Ahora el uso de tarjetas se cobrará un impuesto del 15% a toda compra en el exterior, además de un cargo de hasta 50% de tarifas aduaneras para todo producto que sea traído del exterior. La norma abarca las compras por internet a través de sitios como Amazon, eBay y el Apple Store y cualquier operación con PayPal.

El impuesto será incluido en los cobros mensuales de las tarjetas. Y, por primera vez, el gobierno podrá revisar todos los movimientos de todas las tarjetas, y detectar artículos que no fueron declarados en la aduana ni en las declaraciones impositivas. Los argentinos pagan impuestos a su patrimonio además de su sueldo, lo que da a los agentes impositivos poderosas herramientas.

El director de la Agencia Federal de Ingresos Públicos Ricardo Echegaray dijo que hay dos objetivos: cotejar si los gastos efectuados en el exterior son coherentes con el pago de impuestos y "desincentivar el consumo en el exterior".

"Que no les quepa la menor duda que preferimos que se queden todos a veranear en la Argentina", afirmó.

Aclaró después que la gente "con la situación fiscal transparente puede vacacionar, consumir y realizar eventos en el lugar del mundo que quieran".

Pero los viajeros están descubriendo que sus pesos no sirven en el exterior. Ahorrarlos, por otra parte, tampoco tiene propósito alguno en un país con una inflación del 25% anual, si no más alta.

Antes de viajar en junio al sur del país y a Chile, la ejecutiva Natividad Pozzo y su esposo presentaron declaraciones juradas a la agencia correspondiente y fueron autorizados a comprar 570 dólares, que cambiaron en una casa de cambios en Chile. Cuando se quedaron sin efectivo descubrieron que las tarjetas que manejan pesos no funcionan en los cajeros automáticos fuera de Argentina. Consiguieron regresar tras convencer a alguien que conocieron allí de que les comprase pesos.

Un mes después la mujer trató de comprar legalmente pesos uruguayos para otro viaje y fue rechazada. Se le dijo que podía comprar divisas extranjeras solo una vez cada seis meses.

"¿Ya no tengo libertad para viajar?", preguntó Pozzo en una carta abierta a la presidenta que publicó en redes sociales. "¿Fomentan que busque el mercado negro de compra venta de divisas extranjeras?".

Antoinette Ford, una estadounidense-irlandesa que escribe sobre turismo, trató de cambiar pesos en aeropuertos de Argentina, Miami, Washington, Dallas y Londres durante un viaje reciente.

"Nadie quería los pesos", se quejó. "Ni siquiera los argentinos los querían. Por eso tratan de comprar dólares".

El novio de Ford, un argentino, siguió todos los pasos legales antes de viajar a Italia y se le permitió comprar tan solo 1.200 dólares.

"Es lo máximo que podía conseguir. Entre eso y el control de las tarjetas de crédito, estás frito. Van a saber exactamente cuánto te llevaste y en qué lo gastaste. Es bastante socialista o incluso comunista", dijo Ford.

El propósito de los controles es combatir la evasión impositiva, reducir la fuga de capitales --que el año pasado fue de 23.000 millones de dólares-- y garantizar que el Banco Central cuenta con abundantes reservas para pagar las deudas del país al tiempo que se impide que la inflación, ya de por sí alta, se descontrole.

Las medidas han funcionado, hasta cierto punto: Los argentinos pagan los impuestos en un porcentaje mucho más alto que en el pasado y el Banco Central tiene 45.000 millones de dólares en reservas. Pero la caída del peso se está acelerando y perdió casi el 8% de su valor en relación con el dólar este año, más que a lo largo de todo el 2011.

Muchos argentinos trataron de proteger su patrimonio invirtiendo en propiedades cotizadas en dólares hasta que se dispuso que esas operaciones también debían hacerse en pesos, eliminando una de las posibilidades que contemplaba Enrique Banuchi para sacar su dinero del país.

"Mi esposa y yo recientemente decidimos irnos de vuelta a Estados Unidos. Sin embargo, si vendemos la casa nos pagarán en pesos. ¿Qué hacemos con pesos en Estados Unidos?", preguntó Banuchi. "El gobierno no nos quiere vender dólares. ¿Tenemos que sacarlos del país ilegalmente? La vida no es fácil. Estamos atrapados".

El mercado negro cotiza el peso a 6,36 dólares, comparado con la tasa oficial de 4,65. Todo el mundo quiere evitar salir perdiendo y la gente con cuentas bancarias o tarjetas de crédito en el exterior se benefician trayendo divisas a Argentina y cambiándolas informalmente con conocidos.

"Tienes que cambiar esos dólares a pesos y tienen que hacerlo en el mercado negro porque no quiere perder el 40% si lo haces legalmente", dijo Ford.

El gobierno dice que esto constituye lavado de dinero. Y si bien es legal portar hasta 10.000 dólares cuando se cruza la frontera, también puede ser peligroso en Buenos Aires, donde en los últimos meses ha muerto una persona cada día por medio en asaltos a viviendas. En varias ocasiones familias enteras que se creía tenían dinero fueron atadas y torturadas por los asaltantes.

Numerosos argentinos tiene acceso a crédito o tarjetas de crédito y las usan para comprar en el exterior o en la red cosas que son muy caras o difíciles de encontrar en Argentina. Esas ventas se duplicaron este año, llegando a más de 396 millones de dólares.

Pasar los artículos comprados en el exterior sin que sean detectados en la aduana es un deporte nacional. Los viajeros deben pagar un impuesto aduanero del 50% por toda compra sobre los 300 dólares, pero rara vez son pillados si no declaran sus compras. Y cuando son detectados, a menudo tienen que pagar una coima.

Una pareja con cinco hijos recientemente volvió de un viaje a Estados Unidos llena de artículos electrónicos para uso personal. El agente aduanero en el aeropuerto de Ezeiza detectó los artículos en la máquina de rayos x y le dijo disimuladamente al marido que dejase 300 dólares en una bolsa.

"Pensé que era una trampa y que seríamos arrestados. Pero mi marido me dijo que no me preocupase", y no pasó nada, confesó la mujer, hablando en condición de anonimato para evitar cargas y multas.

Las autoridades dicen que simplemente quieren garantizar la responsabilidad fiscal en un país donde había poca.

"Todo bien físico, mercadería que ingresa al país se tiene que declarar", afirmó Echegaray. "Y si no se hace, luego de cruzar los datos le mandaremos una 'notita' para que solucione su situación".

"La realidad es que queremos cobrar los impuestos. No es otra cosa", añadió.

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En este despacho colaboró el reportero de la Associated Press Javier Cardenal.