La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, salió hoy en defensa de su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, que fue diana de duras críticas proferidas por el también expresidente Fernando Henrique Cardoso.

En un gesto poco habitual, Rousseff divulgó una nota oficial para rebatir las críticas que Cardoso escribió en una columna de opinión publicada el domingo en la prensa, titulada "Herencia pesada", en la que deploraba los casos de corrupción y ponía en evidencia algunos claroscuros de la gestión económica de Lula.

Rousseff respondió diciendo que recibió una "herencia bendita" y lanzó dos dardos a Cardoso al señalar que Lula no dejó un país intervenido por el FMI y "bajo la amenaza de un apagón", situaciones que se vivieron durante el mandato del presidente de centroderecha, que gobernó entre 1995 y 2003.

La mandataria calificó a Lula como "un demócrata que no cayó en la tentación de un cambio constitucional que lo beneficiase", en una clara alusión a la enmienda a la Carta Magna impulsada por Cardoso para permitir que los presidentes puedan ser reelegidos una vez.

"No reconocer los avances que el país obtuvo en los últimos diez años es un intento menor de reescribir la historia. El pasado debe servirnos de contrapunto, de lección, de visión crítica, no de resentimiento", agregó Rousseff.

Por su parte, Cardoso criticó la "crisis moral" del gobierno de Lula, los sucesivos casos de corrupción, motivo por el cual dejaron el cargo siete ministros nombrados por Rousseff, y citó el sonado escándalo de 2005 que actualmente está siendo juzgado por el Tribunal Supremo.

Cardoso también puso en tela de juicio el impulso de proyectos de desarrollo de infraestructuras "de impacto" mediático, algunos de los cuales, según él, "cuestan carísimo al Tesoro y tienen utilidad relativa".

El intercambio de críticas se dio a cinco semanas de la primera vuelta de las elecciones municipales, en las que se van a elegir los alcaldes de 5.566 ciudades brasileñas.