Novak Djokovic asegura que jugar tan temprano de día no le gusta. De hecho, no tuvo tiempo para afeitarse el encarar su tercer partido en el Abierto de Estados Unidos.

De todas formas, el campeón vigente encadenó su segundo partido seguidor sin afrontar bolas de quiebtes al despachar el domingo 6-3, 6-2, 6-2 al francés Julien Benneteau para instalarse en los octavos de final.

En un desigual trámite, Djokovic sirvió 13 aces.

El serbio suele jugar en partidos nocturnos en el último Grand Slam de la temporada y reconoció que le agrada para nada salir a la pista a las 11 de la mañana.

Una hora tan temprana no le permitió afeitarse: "Mi mamá me critica cuando no me afeitó como se debe. Me aseguraré estar bien afeitado la próxima vez".

"Norlamente, no me gusta jugar el primer partido de la jornada, pero para mí era vital arrancar fuerte", añadió. "Tenía que salir concentrado y comprometido a jugar muy bien".

Segundo preclasificado, Djokovic sólo ha perdido 14 games en tres partidos en Flushing Meadows. Encajó un quiebre en el primer game ante Paolo Lorenzi — su primer duelo en el torneo — y desde entonces no ha tenido que lidiar con otra bola de rompimiento.

Djokovic alcanzó los octavos de final por sexto año consecutivo y ahora chocará con el ganador del partido entre Alexandr Dolgopolov y Stanislas Wawrinka.

El duelo de Djokovic duró 23 minutos más que todo el primer set del choque entre el español David Ferrer, cuarto preclasificado, y el australiano Lleyton Hewitt, campeón de la edición de 2001, en el estadio Louis Armstrong. Ferrer se impuso por 7-6 (9), 4-6, 6-3, 6-0.

"Fue un partido muy físico, sabíamos que los dos tendríamos que sufrir", declaró Ferrer.