Los cerca de trescientos residentes de Migrón abandonaron hoy sus viviendas, levantadas sobre tierras palestinas, con la promesa de volver y de que su salida dé paso a la construcción de más asentamientos judíos en territorio ocupado.

"Vamos a volver a este lugar, incluso la Corte Suprema nos explicó cuales son los pasos que tenemos que hacer para hacerlo y vamos a hacerlo", declaró a Efe Dani Dayan, presidente del consejo colono Yesha, que acudió al lugar para mostrar la solidaridad del movimiento colono con los residentes de Migrón.

"Que no tengan dudas, vamos a retornar acá más rápido de lo que se imaginan y, en realidad, de un Migrón van a crecer dos, incluso quizás tres nuevas comunidades (judías en territorio palestino)", aseguró.

La evacuación es la mayor desde que Israel retiró forzosamente a los colonos de la franja de Gaza en 2005, pero en esta ocasión transcurrió con calma y sin apenas incidentes.

Alrededor de ciento cincuenta efectivos del Ejército y la Policía israelí cerraban el acceso a la zona, a unos 14 kilómetros al norte de Jerusalén, y se aseguraban de que colonos de otros asentamientos no entrasen en Migrón y dificultasen la evacuación.

Un grupo de adolescentes de colonias cercanas, cubiertos con kipá (solideo judío), se atrincheraron en el techo de una de las caravanas móviles que forman el asentamiento y se negaron a bajar.

Alrededor de una decena fueron arrestados por los agentes e introducidos en un autobús policial con forcejeos y entre gritos.

A la entrada de la colonia, cerca de un cartel en el que se leía "La tierra de Israel es el regalo de Dios a los judíos" un grupo de jóvenes cantaba eslóganes como "Un judío no expulsa a un judío", "Estado policial" o "¡Avergonzaros!".

Ninguno de ellos ni de los detenidos era residente de Migrón, que parecían resignados a la evacuación.

La mayoría de las cincuenta familias se fueron anoche o a primera hora de la mañana de hoy, tras plantar árboles al alba en un último gesto simbólico para mostrar su pertenencia a la tierra y su deseo de regresar.

Sobre las siete y media, la Policía fue de casa a casa entregando las órdenes de evacuación a los que les abrían y deslizando las demás por debajo de la puerta o pegándolas en ella.

"Es un día muy duro y muy emotivo. Los vecinos se abrazaban unos a otros y muchos se han ido llorando. Hoy ninguno va a ir a trabajar. Han vivido más de diez años aquí. Dejan atrás sus parques de juegos para los niños, la guardería. Pero vamos a respetar la decisión del Gobierno", dijo a Efe Miri Ovadia, portavoz del Consejo Regional de Binyamín, denominación israelí del distrito.

Las familias, indicó, están siendo asistidas por psicólogos y la mayor parte de ellas se ha trasladado temporalmente al asentamiento vecino de Ofra, mientras que otras se han instalado con familiares, a la espera de que el Gobierno les entregue nuevas viviendas, que también estarán en territorio palestino ocupado.

La evacuación, asegura Ovadia, "ha sido especialmente dura para las 17 familias que han comprado la tierra en los últimos meses", a las que el Tribunal Supremo les ha dicho que de momento tienen que irse, mientras tratan de demostrar que efectivamente tienen títulos de propiedad válidos.

Las familias palestinas propietarias de los terrenos niegan que haya habido venta alguna y explican que, en dos de las supuestas transacciones, los presuntos vendedores son ancianos fallecidos recientemente que no comunicaron jamás a sus hijos haber transferido la tierra por la que llevan más de seis años litigando.

Los residentes de Migrón decidieron conjuntamente no hacer declaraciones en señal de luto por la catástrofe que para ellos supone abandonar el lugar.

Al menos una familia se negó a dejar su casa hasta que no se fuesen los periodistas, para no ser retratada en la derrota que para ella supone sacar sus bártulos e irse de la tierra que consideran entregada por dios al pueblo judío.

Efectivos de la Policía y el Ejército entraban en las casas de aquellos que aún no se habían ido para pedirles que abandonasen voluntariamente la vivienda, lo que la mayoría hizo sin oponer resistencia.

Mientras, funcionarios públicos marcaban las caravanas y otras infraestructuras con números en preparación de su desmantelamiento, que deberá realizarse antes del próximo diez de septiembre, según ordenó el Supremo.

"Nos tratan como si fuésemos criminales pese a que los judíos compraron las casas y a que la Tierra de Israel pertenece al pueblo de Israel", señaló a Efe un adolescente que se identificó por la inicial "M".

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Ana Cárdenes