Más de 380.000 personas participaron hoy en simulacros de terremoto en numerosas ciudades de Japón con motivo del "Día de la Prevención de Desastres", que se celebra cada año para recordar el Gran Terremoto de Kanto de 1923, que dejó más de 100.000 muertos o desaparecidos.

Los ejercicios de hoy incluyeron, entre otros, ensayos coordinados en Tokio, la adyacente ciudad de Yokohama y siete municipios cercanos que respondieron al supuesto de que un fuerte temblor afectase la zona metropolitana de la capital.

El primer ministro, Yoshihiko Noda, y los miembros de su Gabinete celebraron una "reunión de emergencia" en la residencia del jefe del Ejecutivo, seguida de una falsa rueda de prensa en la que el mandatario anunció los hipotéticos daños e hizo un llamamiento a la calma, informó la agencia Kyodo.

Uno de los ejercicios simuló la reacción a un seísmo de 7,3 grados Richter en la Bahía de Tokio, mientras que en Yokohama se ensayó la respuesta a un temblor de 7,9 grados en la cercana Bahía de Sagami, al sur de la capital.

Además, se movilizaron aviones y buques de las Fuerzas de Autodefensa para el transporte de heridos, y un avión C-12 de la Marina de EE.UU se desplazó desde la base de Atsugi, al oeste de la capital, hasta el aeropuerto tokiota de Haneda para supuestamente proveer material de emergencia a los equipos de rescate.

Los simulacros tuvieron lugar casi un año y medio después del terremoto de 9 grados y el tsunami que azotaron el noreste de Japón en marzo de 2011, que causaron casi 19.000 muertos y un grave accidente nuclear en Fukushima.

Esta misma semana el Gobierno de Japón divulgó una estimación que apuntaba a que un temblor con epicentro en la fosa submarina de Nankai, próxima a la costa sudeste del archipiélago, podría causar hasta 323.000 muertos en el peor de los escenarios (de noche, en invierno, con una magnitud de 9 grados y seguido de un tsunami).

Japón se asienta sobre la convergencia de varias placas tectónicas, lo que hace que sufra frecuentes movimientos sísmicos.

Eso lo ha convertido en el país más preparado del mundo para hacerles frente, con normas de construcción muy estrictas, protocolos de emergencia que paralizan los medios de transporte nada más producirse los temblores y un código de respuesta que la población ha interiorizado desde la infancia.