El idilio que vivieron millones de afroamericanos con la histórica candidatura de Barack Obama en 2008 ha perdido intensidad, pero su fidelidad, aún intacta, es hoy por hoy la apuesta más segura del presidente en las elecciones.

Menos propensos a alzar su voz que otras minorías del país, los afroamericanos han mantenido constante su apoyo al mandatario estadounidense durante todo su mandato, aunque algunos sienten, como en una relación que ha caído en la rutina, que el hombre que impulsaron al poder no les presta la atención que merecen.

"No hay nada que sugiera que los afroamericanos, como un grupo, estén menos orgullosos hoy de lo que ha conseguido Barack Obama que hace cuatro años. Pero sí se puede decir que la novedad de elegir al primer presidente negro se ha disipado", dijo a Efe Andra Gillespie, experta de la Universidad de Emory, en Atlanta (Georgia).

Un 94 por ciento de los afroamericanos planea votar en noviembre por la reelección de Obama, según una encuesta reciente del diario Wall Street Journal y la cadena de televisión NBC, en la que el candidato republicano, Mitt Romney, se llevó un 0 % del respaldo.

En 2008, un 95 % de los afroamericanos votaron por Obama, frente al 4 % que respaldó a John McCain, y hay pocas señales de que esas cifras vayan a variar demasiado este año, según los analistas.

La razón no está tanto en su color, que es motivo de "orgullo", como en el hecho de que sea demócrata, partido al que votan al menos un 85 por ciento de los negros desde 1964, recordó Gillespie.

"No hay ningún otro grupo de votantes que dé un porcentaje tan alto de su voto al Partido Demócrata", señaló a la cadena CNN Frederick Harris, profesor de política en la Universidad de Columbia. "Obama puede permitirse dar por hecho su voto", aseguró.

Precisamente esa ha sido la crítica más repetida por los afroamericanos, que han visto más medidas específicas para los hispanos o los homosexuales que para su colectivo, pese a haberse visto especialmente afectados por la crisis financiera en el país.

En julio, Obama decepcionó a muchos de ellos al enviar en su lugar al vicepresidente Joe Biden a la reunión anual del foro afroamericano más importante del país, la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, en inglés).

Otros se indignaron cuando, en una entrevista en agosto en la revista afroamericana "Black Enterprise", el mandatario dejó claro que no es "el presidente del Estados Unidos negro".

Desde su etapa como candidato, Obama ha intentado esquivar por todos los medios ser encasillado como un político "negro", por lo que ha evitado "dirigirse explícitamente a la desigualdad racial", según Gillespie, experta en la relación entre raza y política.

En su libro "El amateur", un éxito de ventas, el escritor Ed Klein defiende que Obama "ha ignorado en gran medida a su base de votantes negros y nunca ha admitido su deuda con los empresarios negros de Chicago que ayudaron a lanzar su carrera política".

Para el experto Frederick Harris, parte del problema está en que los afroamericanos, "francamente, no han pedido públicamente al presidente que haga nada", a diferencia de los activistas de otras minorías.

"La comunidad afroamericana, en muchos sentidos, se ha centrado más en proteger al presidente del ala derecha que en presionarle para actuar en asuntos importantes para ellos", apuntó.

La Asociación de Organizaciones Comunitarias para una Reforma Ahora (ACORN) hizo un llamamiento este mes a cambiar esa actitud y a no votar en noviembre basándose en el color del candidato.

"Es inaceptable, pero por alguna extraña razón no pedimos nada de nuestros políticos", dijo al diario Daily Caller Anita Moncrief, activista de ACORN. "Dejamos que entren en nuestra comunidad y que nos usen cada cuatro años para las elecciones. Aceptamos eso hasta tal punto que no miramos por nosotros mismos qué está ocurriendo".

En cualquier caso, la aprobación de los afroamericanos de la gestión de Obama se ha mantenido estable alrededor del 90 por ciento durante todo su mandato, y sólo ha bajado levemente en los peores momentos económicos.

Con esas cifras, la campaña de Obama da por descontado un apoyo abrumador de los afroamericanos en noviembre, pero teme no poder controlar el factor de la participación, que en 2008 batió todos los récords al superar el 65 por ciento.

"La participación puede ser más baja, porque ya no estamos en la primera elección histórica de un presidente negro", consideró Gillespie.

Y en estados clave donde la población negra es importante, como Carolina del Norte, Virginia u Ohio, Obama podría necesitar recurrir a sus trucos más seductores para reavivar una llama que puede tener, como en 2008, la llave a la Casa Blanca.