Más de la mitad de los polacos ya no se identifica con la imagen tradicional del sindicato Solidaridad, el primer sindicato independiente del bloque comunista, cuando se cumplen hoy 32 años de su legalización, determinante para acabar con el comunismo en Europa Oriental.

El distanciamiento entre la sociedad y el sindicato no es nuevo, y el propio fundador de Solidaridad, Lech Walesa, premio Nobel de la Paz y primer presidente de la Polonia democrática, abandonó hace años la organización por desacuerdos con la actual dirección, a la que acusó de traicionar los valores bajo los que nació el sindicato.

A pesar de las desavenencias, Walesa presidió hoy la misa celebrada en Gdansk (norte de Polonia), donde históricos militantes de Solidaridad recordaron los Acuerdos de 1980, en los que las autoridades comunistas cedieron a las protestas de los operarios de los astilleros y autorizaron su legalización, la primera de un sindicato independiente en el bloque comunista.

Walesa, quien depositó una corona de flores en el monumento a los trabajadores de Solidaridad caídos en las movilizaciones a la vez que se liberaban 300 palomas, aprovechó para reivindicar la importancia de esta fecha, ya que "hace 32 años (firma de los acuerdos de legalización) tuvo lugar una gran victoria y ésta debería conmemorarse convirtiendo la jornada en fiesta nacional", dijo.

Actualmente las cosas han cambiado y el 52 % de los polacos mayores de 49 años, aquellos por tanto que tuvieron la oportunidad de vivir la épica lucha de Solidaridad, dicen no identificarse ya con la tradición de la organización, según revela hoy un sondeo elaborado por el instituto CBOS.

Entre los afiliados a Solidaridad en la década de 1980, un 40 % reconoce que ya no se siente cercano a la imagen de aquel sindicato que, desde las huelgas en los Astilleros Lenin de Gdansk, fue capaz de plantar cara al Gobierno comunista y al mismísimo Kremlin.