La etiqueta roja, blanca y azul que Ryan McIntosh, un recogepelotas, lleva en su protésis de fibra de carbono como pierna derecha reza un mensaje cargado de significado: "La libertad no es gratis, pero vale la pena luchar por ella".

Aún así, con todo el tiempo que dedica a perseguir pelotas de tenis y dar botellas de aguas y toallas a los mejores jugadores del mundo, no cree que muchos se fijarán en el mensaje.

Soldado del ejército estadounidense que perdió la pierna al pisar una mina terrestre en Afganistán hace dos años, McIntosh dedica el fin de verano en el hemisferio norte con un oficio en el que devenga 7.75 dólares por hora en el Abierto de Estados Unidos en Flushing Meadows. Tiene como objetivo servir de ayuda y pasar inadvertido al mismo tiempo. Servir de inspiración a gente como él, pero sin distraer a los tenistas.

"Aquí soy solo un recogepelotas", dijo McIntosh, de 23 años y residente en San Antonio. "Es lo mismo cuando estoy en el ejército. Soy solo un soldado. No soy nada especial. No me considero un guerrero que ha sido herido. Cuando me pongo el uniforme, ni se nota. Y ese es mi objetivo principal aquí".

McIntosh sabía que los Juegos Paralímpicos fueron inaugurados el miércoles en Londres. No había prestado mucha atención a Oscar Pistorius antes de perder su pierna, pero ahora sigue de cerca al "Blade Runner" y todo lo que hace al inspirar a gente con discapacidades físicas para que puedan participar no sólo en deportes paralímpicos.

Pistorius, quien hizo su debut olímpico en los 400 metros en Londres, nación sin fíbulas y sus piernas fueron amputadas debajo de las rodillas antes que cumpliera su primer año. McIntosh iba caminando en un valle cerca de Kandahar con su regimiento en diciembre de 2010 cuando pisó la mina. El artefacto detonó y lo catapultó por los aires. Media hora después, le debieron amputar la extremidad.

Al tocarle un partido el miércoles en la Cancha 4, McIntosh corría por cada pelota, anticipaba el momento que un jugador necesitaba una toalla y lanzaba las pelotas a sus otros compañeros. Jerry Loughran, el jefe del grupo de recopelotas en la cancha, dijo que McIntosh no tendría problemas para cumplir el trabajo en el estadio Arthur Ashe.

"Me preguntaron: '¿Puedes lanzar una pelota de tenis?''', contó McIntosh. "Les dije: 'He lanzado granadas, así que puedo con una pelota de tenis'''.

McIntosh se interesó con apuntarse como recogepelotas tras participar este año en una competencia para soldados que han sufrido heridas en combate. Participó del examen junto a 600 más y se ganó un puesto. Le ha tocado trabajar en las canchas secundarias, con un breve turno en la Louis Armstrong, la número dos del complejo del Grand Slam.

"No quiero ser insensible, pero con pierna o sin pierna, hay que estar al mismo nivel de capacidad", dijo Tina Taps, la supervisora de McIntosh. "Lo hace bien. Con su experiencia como militar y dedicación al trabajo en equipo, personifica lo que queremos hacer con estos muchachos".

Si ha suscitado atención, lo ha sido de manera positiva.

"Al principio estuve algo inquieta, pero luego lo vi y me dije: 'está todo bien''', señaló la francesa Pauline Parmentier, quien venció a la belga Yanina Wickmayer en la Cancha 4. "Sabe hacer muy bien su trabajo".