No le diga al padre James Manship que es un cura activista.

Este sacerdote católico romano que se hizo famoso al ser arrestado en el 2009 por filmar el trato que daban dos policías de East Haven a unos hispanos dice que simplemente cumplía con su trabajo.

"No me gusta que me digan activista. Me molesta", expresó en una reciente entrevista. "No soy un activista. Soy un sacerdote".

Manship fue declarado el ciudadano del año por la rama local de la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales, en reconocimiento al valor y el liderazgo que demostró al ayudar a una población vulnerable.

La gente que lo conoce lo describe como un individuo valiente, que no se queda cruzado de brazos y que lucha por las causas en las que cree.

En el 2009 y aún hoy, eso implica proteger a la comunidad mayormente hispana de su parroquia de Santa Rosa de Lima del abuso policial que padecen en East Haven, de donde son buena parte de sus parroquianos. La iglesia se encuentra en New Haven, no muy lejos de East Haven.

Las autoridades federales dicen que la policía de East Haven ha tolerado un acoso racial sistemático y Manchisp y su iglesia fueron los que motivaron una investigación.

Manship también promovió en el 2007 la entrega de tarjetas de identificación que no requieren la corroboración del status migratorio de los extranjeros. Y apoyó firmemente una campaña para lograr que los inmigrantes sin papales que viven en Connecticut desde niños paguen las matrículas universitarias básicas de los residentes en el estado.

Manship tiene 48 años. Se crió en East Hartford y terminó en 1982 la secundaria en la East Catholic High School de Manchester antes de cursar estudios en la Universidad de Connecticut en Storrs. Sacó un título en ingeniería mecánica y consiguió un empleo en una fábrica de repuestos para el automotor.

Paralelamente, Manship se involucró bastante con la iglesia de St. Christopher en East Hartford y empezó a enseñar en su programa de catequismo. Pronto se dio cuenta de que quería hacerse sacerdote y asistió a un seminario. Sirvió en Bristol y el norte de Hartford antes de ser transferido a Santa Rosa en el 2005.

Reconoce que no es fácil distinguir entre ser un activista y ser un sacerdote en una sociedad secular.

"Hago lo que hago por mi fe en Cristo y mis creencias como católico romano", dice Manship, agregando que sus acciones se basan en sus creencias católicas. "Si no fuese así, entonces sería tan solo un activista o un trabajador social".

A pesar de su labor como sacerdote, Manship se mantiene en contacto con un grupo de amigos que no están en la iglesia. Uno de ellos, Tom Day, dice que el mantenerse conectado con el mundo fuera de la Iglesia Católica es algo que Manship valoró desde que se hizo sacerdote.

"Dice que es importante tener amigos afuera de la iglesia", comentó Day, quien vive en Andover. Los dos fueron a la escuela East Catholic y se hicieron amigos en UConn.

Manship, Day y otros amigos salen de campamento una vez al año, cuenta Day. A Manship también le gusta hacer kayak en mar abierto. "Es un hombre común", afirma Day.

Ser un "hombre común" es una parte importante de los esfuerzos de Manship por ayudar a la gente.

"Es un sacerdote, pero se conecta con gente de todo tipo", dice Day. "Claramente no se sienta en una torre de marfil desde la cual predica lo que hay que hacer. Es de los que sale a la calle y hacen las cosas".

Laurie Janecko, directora de la iglesia del campus de East Catholic, se hizo amiga de Manship en St. Christopher. Ahora los dos coordinan estadías de una semana de estudiantes de East Catholic en New Haven para que pasen tiempo con estudiantes de secundaria que van a Santa Rosa.

Para Janecko, Manship es un hombre "valiente". No le escapa a los desafíos que asoman en el camino por temor a que la gente no esté de acuerdo con él.

"Se metió con la policía. Eso es ser valiente. ¿Quién se anima a hacer eso?", comentó Janecko. "Y demostró que tenía razón".

"Hay que tener valor para hacer cosas como esa, que te van a hacer impopular entre mucha gente", añadió.

Esa noche de febrero del 2009 Manship estaba en un almacén de propiedad de un ecuatoriano en East Haven y empezó a filmar a la policía mientras se llevaba placas de autos. El religioso fue acusado de alteración del orden y de interferir con la policía. Posteriormente se le retiraron los cargos.

Manship y algunos feligreses estaban documentando lo que describen como episodios de hostigamiento policial: agentes que se estacionan frente a negocios de hispanos, paran a conductores hispanos sin razón y les dan multas por infracciones menores.

Posteriormente colaboraron con una investigación de la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia.

Manship dice que miembros de su parroquia le pidieron ayuda en el 2008 pero decidieron no hacer nada por temor a empeorar las cosas.

Pero una agresión policial a uno de los párrocos en el 2009 fue la gota que colmó el vaso, según Manship. "Sintieron que eran unos racistas, que los tenían en la mira por la forma en que eran tratados", expresó.

Un informe de diciembre del Departamento de Justicia dice que sus investigadores comprobaron "un patrón o práctica de actitudes tendenciosas" y que "no se remedió una historia de discriminación y de deliberada indiferencia a los derechos de las minorías".

Una investigación separada del FBI originó el arresto de cuatro agentes de la policía que fueron acusados de realizar revisiones injustificadas, arrestos falsos y usar tácticas intimidatorias con las personas que investigaban, incluido Manship.

El religioso no habla mucho de ese episodio. Es testigo de cargo en el caso contra los agentes y demandante en un juicio.

El hostigamiento cesó, según Manship. Pero dice que le preocupa el hecho de que el sistema que lo hizo posible sigue intacto.

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Información del Journal Inquirer, http://www.journalinquirer.com