La turística ciudad portuaria de Mombasa, en el sureste de Kenia, amaneció hoy con nuevas protestas por el asesinato del clérigo radical islámico Aboud Rogo, informó la edición digital del diario local Daily Nation.

Grupos de jóvenes apedrearon vehículos y cortaron calles en uno de los barrios de la principal ciudad portuaria de Kenia, en el segundo día de disturbios que ayer acabaron con la vida de al menos una persona.

La Policía detuvo hoy a 12 personas y disparó gases lacrimógenos y pelotas de goma para frenar las manifestaciones violentas, en las que hubo al menos un herido por arma blanca.

Los actos violentos -que incluyeron el ataque a cuatro iglesias, el saqueo de comercios y la quema de neumáticos en las calles- surgieron como reacción al supuesto asesinato ayer de Rogo a manos de pistoleros desconocidos.

El suceso ocurrió mientras Rogo conducía una furgoneta de camino a Mombasa, y terminó con la muerte del clérigo -que ejercía como profesor en una madrasa- , mientras que su mujer y su suegro resultaron heridos.

Según el rotativo keniano, la ONU y Estados Unidos consideraban a Rogo como uno de los principales líderes de la milicia fundamentalista islámica somalí Al Shabab en Kenia.

El clérigo fue juzgado y absuelto por su presunta relación con el ataque en 2002 al Hotel Paradise (de propiedad judía) de Mombasa, en el que hubo 13 muertos y 80 heridos.

El pasado mes de febrero, Rogo fue detenido por la supuesta posesión de un kalashnikov, 113 cargadores de munición, dos granadas, dos pistolas y 102 detonadores.

Al Shabab ha emitido un comunicado en el que condena "el asesinato a sangre fría" de Rogo, de quien dijo que "no era oficialmente un miembro" de los muyaidín.

Asimismo, los radicales urgieron "a los musulmanes (de Kenia) a levantarse en contra de la feroz caza de brujas de las autoridades kenianas contra sus hermanos musulmanes".

Al Shabab ha amenazado en varias ocasiones con atentar en territorio keniano, tras la entrada en Somalia del Ejército de Kenia a mediados del pasado octubre como respuesta a una oleada de secuestros supuestamente obra de los radicales islámicos.

Desde entonces, las autoridades kenianas han aumentado las medidas de seguridad, lo que no ha impedido que se registren una veintena de ataques por todo el país, que han dejado varias decenas de muertos y más de un centenar de heridos.

La milicia, que el pasado febrero anunció su unión formal con la red terrorista Al Qaeda, combate desde 2006 (aunque no en su actual formato) al Gobierno Federal de Transición somalí y a las fuerzas multinacionales de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), para instaurar un Estado musulmán de corte wahabí.

Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un gobierno medianamente efectivo y en manos de milicias islamistas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.

De manera paralela a la lucha militar contra Al Shabab, el país africano está inmerso en un proceso para llevar a término su transición política, que debería haber finalizado el pasado 20 de agosto con la elección de un nuevo presidente.