Decenas de miles de estudiantes secundarios y universitarios iniciaron el martes una larga caminata, festiva y pacífica, para insistir en sus demandas de educación pública gratuita y de calidad, bajo la inédita vigilancia de 2.200 policías sin sus uniformes antidisturbios.

Sin embargo, poco antes de que culminara la marcha, los policías volvieron a sus escudos, canilleras, cascos y otros implementos, ante la presencia de unos 200 encapuchados que los atacaron e irrumpieron violentamente en la caminata.

Según los organizadores participaron más de 100.000 estudiantes. El jefe de la zona metropolitana, general Luis Valdés, dijo que marcharon sólo 50.000. Agregó que hubo 200 detenidos y 13 agentes heridos.

Parte de la principal avenida capitalina y de otras grandes arterias se repletaron de alegres jóvenes que bailaron, tocaron música, y saltaron con dragones articulados de papel sobre sus hombros.

Se unieron a la marcha representantes de los maestros y de trabajadores.

La policía antimotines actuará sin su uniforme protector ni escudos, "para que no se les acuse de provocación", advirtió el Jefe de la Zona Metropolitana, general Luis Valdés.

La inédita presentación de los agentes antidisturbios, en uniforme normal, se registra al día siguiente que la jefatura policial debió admitir la veracidad de la denuncia de un grupo de alumnos de un colegio de Rancagua, en el sur, quienes luego de ser detenidos en una protesta, fueron obligados a desnudarse en la comisaría.

Millones de chilenos han sido testigos por televisión de la violencia con que a menudo la policía dispersa a los jóvenes, aprovechándose que en las marchas se mezclan puñados de encapuchados que con los agentes y ocasionan graves desórdenes.

En esta ocasión los estudiantes reforzaron equipos antidesmanes para que al final del día se tenga que hablar del "fortalecimiento de la educación pública, fin del mercado educativo y democratización de los espacios", declaró el presidente de los estudiantes de la Universidad de Chile, Gabriel Boric.

Sin embargo, cuando el acto cultural con que culminó la marcha ya terminaba, decenas de encapuchados con banderas anarquistas empezaron, como de costumbre, a atacar a la policía y a lanzar proyectiles, situación ante la cual todos los dirigentes estudiantiles y gremiales se autoevacuaron del lugar del escenario.

Era un escena surrealista, mientras centenares de jóvenes desarrollaban largas y contagiosas rutinas de baile, a unos pocos metros los encapuchados se enfrentaban a la policía y centenares de estudiantes huían para no quedar atrapados entre los disturbios.

Los efectivos antimotines usaron profusos gases lacrimógenos para dispersar a los anarquistas. Se vio detenidos, pero no hay cifras oficiales.

Los adolescentes eligieron agosto como el mes de la movilización, que han sido lideradas por los secundarios, que fueron los grandes perdedores de las protestas estudiantiles del 2011, cuando los únicos que obtuvieron ganancias, hasta ahora teóricas, fueron los universitarios.

Los secundarios han desplegado nuevas tácticas que han incluido una marcha de estudiantes semidesnudos y con leyendas en favor de cambios educacionales en sus cuerpos, y la división de una en 14 caminatas en distintos puntos de la capital, lo que obligó a las fuerzas antimotines a dividir sus fuerzas, debilitándolos.

La protesta coincide con la votación en el congreso de una reforma tributaria menor cuya recaudación, estimada entre 700 y 1.000 millones de dólares, será destinada íntegramente a la educación, de preferencia a la preescolar.

Los alumnos llamaron a los parlamentarios a rechazar el proyecto, pues coinciden con el diagnóstico de expertos educacionales que advierten que son necesarios entre 5.000 y 7.000 millones de dólares extras, a los 11.650 millones de dólares del presupuesto del 2012, para empezar a hacer reformas en serio.

De los 3,3 millones de estudiantes secundarios, el 54% va a las 11.000 escuelas públicas repartidas en las 345 municipalidades chilenas, la mayoría pobres, lo que hace que su educación sea deficiente; un 31% asiste a colegios que se financian con aportes estatales y de los apoderados; el 9% a planteles sin fines de lucro y un 6% a colegios privados.

En Chile la educación es un espejo del mal reparto de la riqueza, la mayoría recibe una educación deficiente, en la que no se invierten más de 100 dólares al mes, con la mayoría de los profesores mal preparados y sin infraestructura apropiada para enseñar, mientras un puñado disfruta de los últimos adelantos, con pedagogos con grados académicos y constante perfeccionamiento, donde la inversión por alumno supera los 1.000 dólares mensuales.