El Ejército de Somalia y las fuerzas aliadas de la Unión Africana tomaron hoy la estratégica ciudad portuaria de Marca, en el sur del país, y hasta ahora en manos de los fundamentalistas islámicos de Al Shabab.

"Nuestras fuerzas han tomado la importante ciudad de Marca. Entramos junto con nuestros hermanos de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM)", confirmó a Efe el comandante de las Fuerzas Armadas de Somalia, Yusuf Ali Adan.

"No ha habido enfrentamientos en la ciudad. Al Shabab ha huido", agregó Ali Adan en conversación telefónica.

Mohamed Hassan, residente de Marca, también destacó la ausencia de combates en la ciudad y añadió que "parte de la población celebra la llegada" de las tropas pro-gubernamentales.

Marca, a unos 110 kilómetros al sur de Mogadiscio, era hasta ahora uno de los centros de poder de los radicales de Al Shabab, donde los mandos de AMISOM creían que se escondían algunos de sus líderes.

Los primeros informes tras la toma de la ciudad apuntan a que éstos han huido más al sur del país, al principal bastión de Al Shabab, Kismayo, hacia donde también pueden haberse dirigido los partidarios de la milicia en las poblaciones cercanas a Marca.

Las tropas de AMISOM y del Ejército de Somalia establecidas en la improvisada base del "Kilómetro 50" se han desplazado a la ciudad tras su captura.

"La toma de Marca facilitará la conquista de Kismayo", dijo a Efe a principios de mes el subcomandante del contingente ugandés de AMISOM, Kayanja Mohanga.

El siguiente paso en la marcha de las tropas leales al Gobierno somalí hasta Kismayo es Barawe, a un centenar de kilómetros al sur de Marca, y también en la costa del océano Índico.

Desde la retirada de Al Shabab del frente de Mogadiscio -a principios de agosto de 2011-, las batallas se libran en campo abierto y las tropas progubernamentales han ido ganando terreno a mayor velocidad, según fuentes de AMISOM.

"Para final de año, toda Somalia podría estar bajo control (de las tropas aliadas)", vaticinan desde las fuerzas de la Unión Africana.

Los fundamentalistas combaten desde 2006 (aunque no en su actual formato) a las fuerzas aliadas para instaurar un Estado musulmán de corte wahabí en el país.

Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré y el país quedó sin un gobierno mínimamente efectivo y en manos de milicias islamistas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.

De manera paralela a la lucha militar contra Al Shabab, Somalia está inmersa en un proceso para terminar con la transición política, que debería haber finalizado el pasado 20 de agosto con la elección de un nuevo presidente.