Las declaraciones en defensa de la energía nuclear francesa hecha por dos ministros socialistas, que lo consideraron un sector de futuro, generó hoy una discordia con sus aliados ecologistas en el Gobierno, que insistieron en las promesas del presidente, François Hollande, para reducir su peso.

El ministro del Interior, Manuel Valls, se sumó hoy a la idea de que la energía nuclear "es incontestablemente un sector de futuro", pocas horas después de hubiera abierto la polémica con esas mismas palabras su homólogo de la Reforma Productiva, el también socialista Arnaud Montebourg.

En una entrevista a la emisora "Europe 1", Valls señaló que aunque Hollande en su campaña electoral se comprometiera a disminuir el peso específico de las centrales atómicas en la producción eléctrica al 50 % en el horizonte de 2025 (frente al 75 % actual), "es necesario renovar nuestras centrales nucleares".

En cuanto a la promesa de poner fin a la actividad en la central nuclear más antigua del país, la de Fessenheim (en Alsacia), dijo que "se cerrará durante este quinquenio".

Montebourg había señalado ayer que la disminución del porcentaje de electricidad de origen nuclear tendrá en cuenta el aumento del consumo y el hecho de que "necesitamos energía y no demasiado cara".

Gracias a sus reactores atómicos, "Francia tiene una baza extraordinaria en sus manos que le ha permitido construir su industria" y superar los choques petroleros y la crisis, argumentó el ministro en la cadena de televisión "BFM TV".

Las declaraciones recibieron una respuesta de los ecologistas -presentes en el Gobierno con la ministra de Vivienda e Igualdad, Cécile Duflot-, enemigos de la energía nuclear.

Uno de los líderes de los Verdes, el diputado Noël Mamère, insistió hoy en que Hollande se había comprometido a cerrar Fessenheim y a reducir el peso de esta energía para 2025.

"Si se escucha a Montebourg y a sus amigos, estaremos muy lejos de eso" y "se tardarían 200 años" en cumplir ese objetivo, indicó Mamère en declaraciones a la cadena "iTélé".