Cuando se cumplen 15 años de su trágica muerte, que arrastró a la monarquía británica a uno de sus momentos más bajos, Diana de Gales se ha convertido paradójicamente en un ejemplo que los Windsor siguen para elevar su popularidad.

El 31 de agosto de 1997, la bautizada como "princesa del pueblo" moría junto a su novio Dodi al Fayed en un accidente de tráfico en un túnel de París, mientras era perseguida por los fotógrafos.

Su trágico destino desató una ola de histeria y dolor en el Reino Unido, a la que la reina Isabel II reaccionó con tanta frialdad que degradó peligrosamente sus índices de popularidad.

Los alrededores del palacio de Buckingham se llenaron de flores, cartas, mensajes de luto y cariño a la exmujer del príncipe Carlos, a la que los británicos veían como una víctima de las conspiraciones del palacio.

La decisión de Isabel II, que se encontraba en Escocia, de no volver a Londres tras el accidente mortal en el que murió a los 36 años su nuera y madre de dos de sus nietos años indignó a los británicos y desató una ola de críticas hasta ese momento impensables para la respetada soberana.

Comenzaron las teorías conspirativas en torno a la muerte de la superpopular princesa de Gales, que se convirtió en un verdadero quebradero de cabeza para la monarquía británica.

Muchas cosas han cambiado en estos tres lustros. Isabel II ha recuperado el apoyo de sus súbditos, lo que se puso de manifiesto con las multitudinarias celebraciones de su Jubileo de Diamantes el pasado junio, y Diana ha pasado de ser un problema a un ejemplo a seguir por la casa real más famosa del mundo.

"La Firma", como son conocidos los Windsor, ha tenido que adaptarse a los tiempos y ha aprendido de los errores.

La culminación de esta impecable estrategia de relaciones públicas se consolidó con la boda en 2011 de Guillermo, hijo mayor de Diana y Carlos, con Catalina Middleton.

Se trató de un enlace entre una pareja que llevaban juntos ocho años, que se querían y en el que la novia no era de sangre azul.

Todo lo contrario de lo que ocurrió con los padres del novio treinta años antes, que apenas se conocían cuando se casaron y que resultó a todos los efectos un matrimonio concertado.

La boda, de la que fue testigo medio mundo y que se vendió como un perfecto cuento de hadas, generó un nuevo icono que ha revitalizado la imagen de la realeza británica.

La prensa ha bautizado a la sonriente y estilosa duquesa de Cambridge como la nueva Diana, sin que la comparación parezca molestar a su familia política.

Además, tanto Guillermo como Enrique, su hermano pequeño, han seguido el ejemplo de su madre, a la que mencionan constantemente, y además de dar la imagen de chicos normales se han involucrado en mucho proyectos humanitarios, algo que hizo muy popular a Lady Di.

En 2008, una larga y costosa investigación sobre el accidente en el que murieron Diana y su novio responsabilizó del mismo al chófer -que iba bebido- y a los "paparazzi" que los perseguían.

Un jurado popular descartó así que Diana hubiera sido asesinada, como se especuló durante años, y las teorías conspirativas quedaron enterradas.

Una nueva película sobre la "princesa del pueblo" titulada "Diana", a la que da vida al actriz australiana Naomi Watts y que se rueda estos días en Londres, cuenta los dos últimos años de vida de la princesa.

Seguramente vuelva a despertar tras su estreno en 2013 el interés mediático por un personaje que, aunque realmente querido y admirado, ha desaparecido de la portada de los periódicos y revistas que ocupó incluso durante años después de su muerte.

Han desaparecido las especulaciones en torno a su muerte, los Windsor han hecho las paces con su memoria y, por fin, quince años después, Diana de Gales descansa en paz.

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Ramón Abarca