Como amazona joven, elegante y esbelta, así quiso pasar a la historia y así resucita la mítica Sissi en el balneario austríaco de Bad Ischl, donde Francisco José I la conoció, se enamoró y se comprometió con ella en 1853.

El reloj retrocede, y esta vez no es para el celuloide, como en la película protagonizada por la actriz austríaca Romy Schneider, sino para una especial fiesta en el hermoso parque de la Villa Imperial de Bad Ischl: el cumpleaños del emperador.

Desde poco después de la caída del telón de acero, cada año, en torno al 18 de agosto, acuden desde todos los rincones del antiguo Imperio Austro-Húngaro los invitados a la celebración, y el día mismo del aniversario se congregan en el hermoso parque de la "Kaiservilla", la antigua residencia imperial.

Muchos de ellos nobles y monárquicos, ataviados con sus trajes y vestidos tradicionales de la época, rinden homenaje a Francisco José, y por supuesto atraen de paso a numerosos turistas y curiosos, que se preguntan si están ante una manifestación a favor de la abolida monarquía o simplemente en una explosión de folclore.

Y como sin duda ocurrió en su día, aunque es el día de él, es ella, la misteriosa emperatriz Elisabeth, la que acapara la atención de la mayoría.

Aparece encarnada por diferentes elegidas, mujeres de figura y porte adecuado, pues no cualquiera tiene la estrecha cintura para poder llevar los vestidos calcados de los modelos originales que hoy se exponen en los museos.

Así es como Sissi los vuelve a lucir, a caballo -la equitación era una de sus grandes pasiones-, acompañada por su envejecido marido, por un regimiento o por nobles damas de compañía.

"El parque es un teatro fenomenal este día", reconoce en declaraciones a Efe el archiduque Marcos de Habsburgo-Lorena, uno de los bisnietos de Sissi y Francisco José, y el actual propietario de esta antigua residencia imperial.

"Es en realidad una fiesta privada, que empezó a principios de 1990, con cierto escepticismo primero, pero cada año son más los que vienen, cada año tiene más aceptación", explicó su hermano, Juan Salvador de Habsburgo-Lorena.

Añadió que son ellos, los descendientes de Sissi y Francisco José, quienes la organizan como un acto de "agradecimiento".

Según la Oficina de Turismo de Bad Ischl, entre 25.000 y 35.000 personas, incluidos unos 500 miembros de 30 regimientos imperiales, acudieron este año al festejo, que entretanto se extiende en la ciudad balneario y alrededores durante casi una semana.

Se ven así uniformes y trajes no sólo de todas las regiones de Austria, sino también de Hungría, Eslovenia, Alemania, Eslovaquia, la República Checa, Croacia.... que desfilan al son de marchas militares.

Los coloridos sombreros y atuendos abarcan diversas épocas, desde de la Edad Media hasta principios del siglo XX, y o bien son heredados, o confeccionados a mano de acuerdo a estrictas normas que se han mantenido inalteradas durante los años.

Situado en Alta Austria, a 55 kilómetros de Salzburgo y entre dos ríos, el Traun y el Ischl, este balneario que hoy cuenta con uno 14.000 habitantes, fue usado entre 1848 y 1914 como residencia de verano por Francisco José I, quien practicaba con fervor la caza en los frondosos bosques de la región.

El festejo engancha con la costumbre del propio Francisco José de celebrar aquí su cumpleaños, y por unos días hace olvidar que también es éste el lugar donde el emperador escribió, el 18 de julio de 1914, el manifiesto "An meine Völker!", en el que declara la guerra al reino de Serbia y desata con ello la Primera Guerra Mundial, el principio del fin del gran imperio austro-húngaro.

Pero su espíritu volverá a reaparecer, con Sissi como estrella, en agosto del próximo año.