Las autoridades de Yakarta se preparan para allanar casas y expulsar de la urbe a los inmigrantes llegados en avalancha para ganarse la vida, camuflados entre los residentes que regresan tras festejar el Ramadán en otros lugares de Indonesia.

De esta manera, las autoridades capitalinas pretenden evitar que aumente la masificación y el chabolismo en Yakarta, una metrópoli en la que hay censados 9,6 millones de habitantes, aunque con una infraestructura obsoleta y precaria.

"Yakarta no es una ciudad cerrada, pero sólo está abierta para aquellas personas que cumplan con los requisitos legales. En cambio, tenemos que informar a aquellos que no los cumplen que suponen una carga para la ciudad", dijo a la prensa el gobernador de la capital, Fauzi Bowo.

La Agencia de Población y Registro Civil de Yakarta ha advertido que tras el final del Ramadán emprenderá amplias redadas con el fin de identificar a los indonesios que carezcan del pertinente permiso de residencia en la capital, para detenerlos y deportarles a sus localidades de origen.

Fuentes de este organismo explicaron que únicamente se permitirá una estancia máxima de 21 días en la ciudad a aquellos indonesios que no puedan demostrar mediante su carné de identidad o su carta de residencia que son residentes de Yakarta.

El fin del mes sagrado de ayuno musulmán coincide con el periodo vacacional más importante del año en Indonesia, en el que millones de personas vuelven a sus localidades de origen para reunirse con sus familias, a menudo muy numerosas.

Este año, 5,6 millones de personas abandonaron Yakarta para ir a sus pueblos durante los días festivos.

"Es una tradición porque sólo podemos vernos una vez al año, durante el resto del tiempo estamos trabajando a muchos kilómetros de distancia de nuestro hogar familiar", explicó a Efe Andi, conductor de una motocicleta del servicio de transporte y originario de Rajapolah, un pueblo del sur de la isla de Java.

Las autoridades de Yakarta aseguraron que el flujo inmigratorio de personas en busca de una oportunidad laboral continuará durante los próximos días, coincidiendo con la operación retorno.

Andi, que como muchos indonesios tiene un solo nombre, reconoce que tras el fin de los días de asueto del Ramadán es común que los indonesios que viven en la ciudad vuelvan a su rutina acompañados de familiares del medio rural, donde se ve a Yakarta como una especie de "meca" de la prosperidad.

"Tengo 13 hermanos y mucha familia en mi pueblo, y cada año, uno o dos familiares se vienen conmigo a trabajar a Yakarta. En la ciudad se gana más dinero" asegura Andi.

Cualquier oficio que consigan, desde el de vigilante a basurero, taxista o aparcacoches, supondrá ingresos mayores que los que tienen trabajando en el campo, aunque muchos recién llegados están abocados a vivir apiñados en las míseras chabolas de los arrabales.

En la denominada "Gran Yakarta", la conurbación metropolitana alrededor de la ciudad, se concentran 28 millones de personas según datos oficiales, a los que hay que sumar varios millones que no figuran en ningún censo.

Las autoridades, desbordadas por el flujo de nuevos habitantes, han llegado al punto de publicar panfletos y octavillas en las que promueven las bondades de otras ciudades industriales de Java entre los emigrantes rurales.

En Indonesia, que con 240 millones de habitantes es el cuarto país más poblado del mundo, se calcula que unos 50 millones de niños carecen de certificado de nacimiento y por tanto de identidad, por lo que viven en un limbo legal que les impide escolarizarse o acceder a los servicios sanitarios del sistema público.

Del mismo modo, la gente de a pie dice que cualquier indonesio puede adquirir por un módico soborno tantos permisos de residencia como desee, motivo por el que abundan las personas con varias identidades distintas.