Florida rememora la estela de destrucción del demoledor huracán "Andrew"

Published August 24, 2012

| EFE

La estela de destrucción que causó el poderoso huracán "Andrew" en el sur de Florida (EEUU) hace hoy 20 años es comparada por supervivientes con el bombardeo atómico sobre Hiroshima, mientras que otros aún tiemblan al recordar la desesperación por huir antes de que el ciclón desatara su furia.

Florida conmemora el vigésimo aniversario del paso de "Andrew" por Homestead y Florida City, en el condado de Miami-Dade, justo cuando la tormenta "Isaac" amenaza con afectar la costa oeste del estado convertida en huracán.

Con sus devastadores vientos de más de 252 kilómetros por hora, "Andrew" barrió esas ciudades causando 15 muertos, pulverizando 25.524 casas, dañando 101.241 viviendas y dejando a 250.000 personas a la intemperie, además de daños por 25.000 millones de dólares.

"Ayudé al Ejército a conectar un teléfono satelital y subí con ellos a un helicóptero. Desde allí pude ver los extensos daños de la ciudad. Recordé las imágenes del bombardeo a Hiroshima, con casas que eran una pila de palitos aquí y allá", dijo a Efe Gerardo Estrada, director de servicios generales de la ciudad de Homestead.

El huracán desembarcó con su máximo nivel destructivo: categoría 5 en la escala de intensidad Saffir-Simpson y sus feroces vientos derribaron edificios, árboles, postes de electricidad, volcaron vehículos, arrancaron las señales de las calles y colapsaron a Miami.

Lixion Avila, meteorólogo del Centro Nacional de Huracanes (CNH) de EE.UU., dijo que las condiciones estaban dadas para que "Andrew" se intensificara hasta convertirse en un ciclón catastrófico.

"En ese momento las aguas estaban bien calientes, había suficiente humedad en la atmósfera y fue un huracán pequeño. Los ciclones de ese tamaño muchas veces se intensifican rápidamente", explicó a Efe.

"Andrew", el tercer huracán más costoso después de "Katrina" (2005) e "Ike" (2008), comenzó "modestamente" como una onda tropical que emergió de la costa oeste de África el 14 de agosto de 1992.

Como tormenta estuvo a punto de disiparse el 20 de agosto, pero entre Puerto Rico y Bahamas se intensificó rápidamente hasta transformarse en un ciclón 5.

"Fue un huracán muy devastador que siempre recordaremos y lo tendremos como ejemplo para aprender aún más de lo poderosos que pueden ser los huracanes", afirmó Avila.

Las autoridades ordenaron la evacuación de más de 1,1 millones de personas.

Carol McPatrick decidió huir con su esposo y su hija de cinco años.

"Desconocía que venía un huracán, no estaba preparada. Cuando vi en la televisión el tamaño, fuimos al supermercado, no había nada. Hicimos una maleta y nos dirigimos al norte con la intención de llegar a Orlando. Allí no había hoteles disponibles y seguimos manejando (conduciendo) hasta que conseguimos uno en St. Augustine", recordó.

McPatrick, quien también trabaja para la ciudad de Homestead, dijo a Efe que "sentimos gran temor por no habernos preparado. Honestamente yo no le prestaba atención a esos fenómenos. Fue la primera vez en mi vida que entendí de qué se trataba, tenía apenas un año viviendo en Miami".

Para el economista Benjamin F.De Yurre también fue su primera experiencia.

"No tenía la más remota idea de cuán dañino y peligroso podía ser un huracán. Vivíamos en un apartamento y escuchamos un sonido atronador como de 20 turbinas de Jet y la vibración espeluznante de las ventanas", recordó.

Sin energía eléctrica y la ciudad paralizada, decidió viajar a Orlando, pero antes visitó a un familiar en la zona devastada.

"Aquello parecía una hecatombe, un área después de un bombardeo. No se veían las calles porque estaban tapizadas con escombros, basura, árboles. Leí un cartel en una vivienda medio destruida que alertaba en inglés: 'Le dispararé a quien entre'. Eso ha quedado grabado en mi memoria", dijo a Efe.

Estrada fue una de las primeras personas que llegó a la alcaldía tras demorar 4 horas en recorrer un trayecto que habitualmente lo hacía en 30 minutos.

"En el estacionamiento había como 1.000 personas, parecía como si el mundo se había acabado. Algunas estaban llorando", recordó el funcionario a quien la experiencia le sirvió para dedicar su vida al servicio público.

Relató que la situación se agravó y "llegó un momento en que todo el mundo andaba con su arma (..) en realidad no había ley ninguna".

"Estábamos en un punto que parecía que se iba a perder todo el control cuando me pasó por un lado un general y luego otro. Había llegado el Ejército. Gracias a Dios", rememoró.

Soldados y oficiales armaron hospitales, refugios, suministraron comida y tomaron el control de la situación.

"No quiero ver otro huracán así más nunca en mi vida, es muy fuerte", sostuvo Estrada.

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Sonia Osorio

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