Una calma precaria, interrumpida esporádicamente por refriegas y la acción de francotiradores, reina hoy en la ciudad septentrional de Trípoli, donde los choques vinculados con la crisis siria han resultado en al menos 10 muertos y 112 heridos, según fuentes policiales.

Las fuentes informaron a Efe de que los combates prosiguen intermitentemente entre los vecinos de los barrios de Bab el Tebaneh, de mayoría suní, y Yabal Mohsen, mayoritariamente alauí, facción chií a la que pertenece el presidente sirio, Bachar al Asad.

Los cabecillas y dirigentes locales de Trípoli acordaron ayer un alto el fuego que debía entrar en vigor a las 17.30 hora local (14.30 GMT), aunque las escaramuzas han continuado.

Desde el comienzo del conflicto en Siria, estos dos barrios son escenario de refriegas entre sus habitantes, que desde la noche del lunes se han extendido también a Beirut y otras áreas del Líbano.

La revuelta en Siria ha agravado las tensiones sectarias en el Líbano, que vivió 30 años bajo hegemonía siria, y el país se mantiene dividido entre adversarios y partidarios de Al Asad,aunque las autoridades han evitado tomar posiciones en ese conflicto.

El primer ministro, Nayib Mikati, originario de Trípoli, se ha mostrado inquieto por "las tentativas, cada vez mayores, de arrastrar al Líbano al conflicto sirio".

Frente a esta situación, la ONU ha instado a la comunidad internacional a apoyar más al Líbano frente a los riesgos de desestabilización vinculados al conflicto sirio.

"Mientras la crisis en Siria continúa deteriorándose, la situación en el Líbano es cada vez más precaria y el apoyo internacional al Gobierno y a las Fuerzas Armadas libanesas es cada vez más importante", dijo ayer el subsecretario general de la ONU para Asuntos Políticos, Jeffrey Feltman, ante el Consejo de Seguridad.

El Ejército libanés instó ayer a los líderes políticos a no exacerbar las divergencias y a asumir sus responsabilidades nacionales en un "período crítico".