Rusia se incorporó formalmente el miércoles a la Organización Mundial de Comercio, un organismo que restringe los aranceles y los subsidios para hacer más justo el comercio internacional, tras 18 años de negociaciones.

Se calcula que los consumidores rusos se beneficiarán por el menor costo de los artículos importados, mientras que algunos sectores industriales, como la agricultura o el automotor, perderán las subvenciones estatales, exponiéndolos a la competencia extranjera.

El Banco Mundial estima que la afiliación a la OMC podría ayudar a que aumente el PIB ruso en 3,3% anual en los próximos tres años.

Las conversaciones se prolongaron debido a la resistencia rusa a abandonar las subvenciones industriales y a que Estados Unidos se ha negado a eliminar una ley que rechaza que ese país sostenga relaciones comerciales normales con Rusia. Como esa legislación sigue en vigencia, Moscú mantendrá aranceles mayores con los productos estadounidenses que con los de otras naciones.