Los equipos de rescate de Filipinas reanudaron hoy la búsqueda del ministro del Interior, Jesse Manalastas Robredo, desaparecido después de que el avión privado en el que viajaban se estrellara ayer en el mar.

El avión Piper Seneca, de cuatro plazas, intentó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Masbate a causa de unos problemas mecánicos pero en la aproximación a la pista de aterrizaje falló en unos 300 metros y acabó precipitándose en el mar, indicó el Ministro de Transportes, Manuel Roxas.

Además de Robredo también se encuentran desaparecidos los dos pilotos del avión mientras que un cuarto pasajero, el Inspector Jun Abrazado, logró salir del aparato mientras se hundía para ser rescatado posteriormente por unos pescadores.

"Cuando (Abrazado) recuperó la consciencia, todavía se encontraba en el avión. El agua en la cabina había subido hasta la altura del pecho e intentó coger al secretario Jesse pero no lo encontró y salió nadando", explicó Roxas a la emisora DZBB.

El presidente filipino, Benigno Aquino, se desplazó esta mañana a Masbate, para supervisar las operaciones de rescate en la que participan helicópteros, decenas de buzos militares y unas 25 embarcaciones de los Guardacostas, la Marina y la Policía.

La búsqueda se centra en una área de 12 kilómetros cuadrados a dos kilómetros de la costa y a profundidades de entre 40 y 67 metros, según indicó el portal Inquirer.

"Solo queremos hacer todo lo posible para salvarle" dijo en Twitter Roxas, que añadió que esperan localizar el aparato siniestrado con la ayuda de un equipo sonar que llegó esta mañana a Masbate, después de que se recuperaran restos de una de las alas.

Robredo, de 54 años, es uno de los ministros más cercanos a la presidencia, a cargo de la Policía nacional y de los gobiernos provinciales, que se ha labrado una reputación por su lucha contra la corrupción.

Extrabajador en una fábrica de helados, en 1988 fue elegido con 29 años alcalde de Naga, ciudad que contribuyó a desarrollar como un centro comercial y educación, lo que le valió en 2000 el premio Ramon Magsaysay, considerado la versión asiática del premio Nobel.