Rafael Correa, un economista educado en Estados Unidos y Bélgica, se destacaba entre los nuevos líderes de izquierda en Latinoamérica por su gran capacidad de cálculo desde mucho antes que Julian Assange ingresara en la embajada de Ecuador en Londres y le diera la oportunidad de aprovechar la atención mundial.

La decisión de Correa de conceder el jueves asilo al fundador de WikiLeaks parece todo menos una coyuntura emocional del presidente ecuatoriano, quien no aprueba todo lo hecho por Assange.

En declaraciones a radio Loja, en Ecuador, el mandatario destacó que "no hemos dicho que todo lo que ha hecho Julian Assange -- al menos yo no lo he dicho--, ha sido por la libertad de expresión. Puede haber cometido una infracción, pero que se lo juzgue con el debido proceso".

"Como están planteadas las acusaciones desde Estados Unidos, eso podría implicar hasta pena de muerte y si no, cadena perpetua...Yo no estoy de acuerdo con todo lo que ha hecho Julian Assange, pero que por eso merezca pena de muerte, cadena perpetua, ser extraditado a un tercer país, por favor ¿donde está la proporción entre el delito y la pena, donde está el debido proceso?", se preguntó.

Estados Unidos ha reiterado que en ese país no hay un proceso judicial en contra de Assange, ni que es requerido por la justicia estadounidense.

Correa afirmó que el factor fundamental para otorgarle asilo diplomático fue "porque no se garantizó su no extradición a un tercer país, (pero) jamás para tratar de interrumpir las investigaciones de la justicia sueca, sobre un supuesto delito. Jamás".

Añadió que Ecuador agotó todas las instancias para buscar garantías que no se lo extradite a otros países "se puso a disposición la embajada para que se lo interrogue, Julian Assange siempre quiso responder a la indagación ... pero se lo quería extraditar ... después de casi dos meses de analizar en profundidad las bases del pedido de Julian Assange, el contexto jurídico ... el gobierno soberanamente decidió otorgarle el asilo".

Correa, de 49 años, sabía que su proceder podría ofender profundamente a Estados Unidos, Gran Bretaña, Suecia y probablemente a la Unión Europea.

También sabía que estaría incitando represalias comerciales y políticas en perjuicio de su pequeño país exportador de petróleo, de 14 millones de habitantes.

Esas represalias todavía no han ocurrido, pero el conflicto apenas comienza.

Gran Bretaña dijo que negaría a Assange el salvoconducto para que se marche del país. Suecia, que pretende a Assange para interrogarlo sobre las denuncias de conducta sexual indebida, citó al embajador de Ecuador para presentarle una protesta formal.

Conceder asilo al responsable de la mayor difusión de secretos filtrados de Estados Unidos en la historia parecía algo demasiado tentador para que Correa se resistiera.

Con la medida, Correa reivindica su autoridad moral y logra que lo asocien con quien es considerado por sus seguidores como el Robin Hood de la era digital, alguien que lucha contra los abusos de los grandes gobiernos y de las grandes corporaciones, y quienes creen que la solicitud de extradición sueca es un pretexto para enviar a Assange a Estados Unidos.

El legislador demócrata Eliot Engel, miembro importante en la subcomisión del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, se ha entrevistado con Correa en diversas ocasiones y considera que el mandatario es consciente de la apuesta que ha hecho.

"El es muy inteligente y esta decisión no la tomó en el vacío", dijo Engel. "El motivo sería más o menos pasar a encabezar el grupo que le mete el dedo en el ojo a Estados Unidos", agregó.

Engel se refería a la alianza que integran Bolivia, Nicaragua, Argentina, Venezuela y Cuba. De hecho, la isla caribeña solía ser el principal destino latinoamericano para las personas que huían de la persecución de la justicia norteamericana y europea.

"(El asilo) no se debió simplemente a que Julian Assange deba quedar en libertad o porque no se le deba perseguir", dijo Engel sobre Correa. "Si este fuera el caso, ¿por qué persigue a sus propios periodistas?", agregó.

Correa fue el motivo por el cual el director del principal diario de oposición en Ecuador buscó asilo a principios de año y se escondió durante 14 días en la embajada de Panamá en Quito cuando la Corte Suprema ecuatoriana ratificó un fallo por difamación contra ese ejecutivo y otros editores.

Correa concedió después el perdón a los inculpados y condonó la indemnización por 42 millones de dólares reclamada al diario, aunque grupos que defienden la libertad de prensa y los derechos humanos afirman que el mandatario sigue siendo una amenaza a cualquier expresión que le desagrade.

El presidente también ha aprovechado las restricciones a la propiedad de medios que decretó un Congreso leal a él para amordazar a la prensa propiedad de la oposición, a la que acusa de corrupta y de pretender destruirlo.

El politólogo Vicente Torrijos, de la Universidad del Rosario, en Colombia, dijo que el asilo otorgado a Assange proporciona a Correa "una gigantesca cortina de humo con la que él pretende ocultar la forma en que trata a la prensa en su país".

Torrijos calificó la decisión de Correa como una especie de "pragmatismo propagandístico" que funciona bien entre las personas a las que les gusta ovacionar a quienes se enfrentan a Estados Unidos y los aliados de Washington.

Estas personas han sido muy importantes en la elección de gobernantes izquierdistas en Sudamérica en la última década, a medida que la influencia estadounidense se ha desvanecido.

Marta Lagos, directora de la firma encuestadora Latinobarometro, con sede en Chile, dijo que le parece extraordinaria la manera como Correa aprovechó la oportunidad para convertirse en adalid de la soberanía de las pequeñas naciones hartas con la a veces imperiosa intromisión de Estados Unidos en América Latina.

Esta intromisión quedó exhibida en 2010 cuando WikiLeaks difundió un cuarto de millón de mensajes que diplomáticos estadounidenses habían enviado a Washington.

"Se agrandó el mundo", dijo Lagos. "Son muy pocas las veces en que un país emergente subdesarrollado como Ecuador iba a cometer un acto político internacional de esa potencia".

Correa conoció a Assange en mayo, a través de una conexión por video de larga distancia, cuando el australiano lo entrevistó para su programa de televisión financiado por el Kremlin.

"Sus WikiLeaks nos han hecho más fuertes", le dijo Correa a Assange en aquella ocasión, en la que le dio la bienvenida al "club de los perseguidos".

Un mes más tarde, Assange se encontraba refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.

Uno de los mensajes difundidos por WikiLeaks llevó a Correa a expulsar en 2010 al embajador estadounidense por supuestamente haber dicho que un jefe policial ecuatoriano era corrupto y sugerir que el presidente se hacía de la vista gorda.

Correa ha desdeñado a los prestamistas internacionales respaldados por Washington y se ha aislado de los capitalistas internacionales, al tiempo que ha cortejado a Rusia, Irán y China. El gigante asiático es ahora la principal fuente de préstamos para Ecuador y compra la mayor parte del crudo que produce el país sudamericano.

En Ecuador, los analistas no creen que acoger a Assange tenga mayores efectos sobre la alta popularidad de Correa. Sus índices de aprobación están por encima del 70%, debido en gran parte al generoso gasto destinado al bienestar social.

En el exterior el panorama es diferente.

"Es difícil ver cómo Correa pueda resultar ganador", dijo Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, una organización no partidista con sede en Washington. "No hay ganancias, sólo pérdidas potenciales".

Adam Isacson, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, dijo que estaba sorprendido por la medida.

"Las relaciones diplomáticas de Ecuador con Europa, especialmente con el Reino Unido, están en peligro de colapsar", señaló.

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Los periodistas de The Associated Press Gonzalo Solano en Quito, Ecuador; Michael Warren en Buenos Aires, Argentina; y Vivian Sequera en Bogotá, Colombia, contribuyeron a este despacho.