El montañista español Carlos Soria, que a sus 73 años sigue su proyecto de ser la persona más longeva en coronar los catorce ocho miles (las cumbres más altas del mundo) afirmó hoy a Efe la edad no debe ser impedimento para hacer lo se gusta.

"La edad no debe retirarte de lo que te gusta si hay ilusión", afirmó.

"Nunca es tarde. Recomiendo llegar a la jubilación en las mejores condiciones físicas, mentales y económicas posibles, porque es un momento formidable y estupendo para vivir", señaló este montañista, el primero del mundo en escalar con más de 60 años las siete cumbres más altas de los diferentes continentes.

Soria se encuentra en Perú para participar en el festival de cine de montaña Inkafest, en la ciudad andina de Huaraz, donde se entrenará para su expedición en septiembre al Himalaya en busca de lo que sería su quinto intento al Dhaulagiri (8.167 metros).

Para lograr su reto esta montaña es, junto al Kanchenjunga (8.586 metros) y el Annapurna (8.091), los ocho miles que tiene pendientes este montañista nacido en Ávila cuando la Guerra Civil española tocaba su fin en 1939.

Su plan era acometer el Shisha Pangma (8.027 metros), a donde ya subió en 2005, pero el cierre fronterizo que mantiene China con el Tíbet le obligará a ir al Dhaulagiri, en una época donde el clima se prevé adverso por su cercanía al monzón.

"Habrá poca gente y es una montaña complicada para otoño porque nieva mucho, lo que aumenta el riesgo de avalanchas, con una travesía un poco larga y en pendiente donde puede haber problemas", explicó.

Precisamente las continuas nevadas y "tres avalanchas en día y medio" le obligaron a abandonar en mayo el Annapurna, "el ocho mil más peligroso", pero lo intentará de nuevo "el próximo año o al siguiente" porque nunca es tarde para este hombre que empezó a escalar a los 14 años pero no subió su primer ocho mil hasta los 51.

"Me gustaría acabar el proyecto porque cada año soy más mayor y todo se acumula y aunque ahora estoy más o menos bien, sé que esto se podría acabar en cualquier momento", añadió Soria, a quien le hubiera gustado quedarse en los 50 o 55 años, "una edad fantástica".

En los descensos sobre terrenos pedregosos es cuando sus rodillas más achacan la dureza de la montaña, que posiblemente no le de ninguna medalla, pero le ha dejado recuerdos imborrables como cuando presenció el amanecer camino de la cumbre del Everest y el K2, "y es como ver el mundo desde fuera".

Para Soria el montañismo "es mucho más que un deporte porque exige entrenamiento, adaptación, técnica y convivencia con otras personas, pero está abierto a todo el mundo, "no como antes, que parecía reservado a gente fortísima, enorme e invencible".

"El único secreto es no ser bobo y tener sentido común, como todo en la vida, y saber que puedes y no puedes hacer. Justamente esos son los peligros de la gran multitud que va ahora a las montañas", comentó.

En Perú le acompañará el montañista Augusto Ortega, quien celebra los 20 años de la primera ascensión peruana al Everest, para subir "dos o tres cumbres en la Cordillera Blanca", aunque no descarta el Huascarán (6.768), el pico más alto del país.

"Me apetecía mucho regresar a Perú porque tengo muchos seguidores y la última vez que estuve fue en 1975 cuando subí al Alpamayo (5.947), en una ascensión preciosa una noche con una luna impresionante", relató.

Cuando está en casa a Carlos le gusta hacer bicicleta, pequeñas ascensiones, esquí de fondo y también convivir "a veces" con sus cuatro nietos, "lo que es maravilloso", pero nunca para hacerse cargo de ellos a tiempo completo.

"Ya tuvimos hijos y los criamos. Ahora está bien ayudarlos cuando haga falta, pero no solamente para que vivan mejor, porque la vida de uno hay que aprovecharla, ya que es posible que no exista la reencarnación", como predican en el Himalaya, reflexionó.