El Consejo de Seguridad de la ONU se prepara para retirar a los observadores de Siria una vez concluya el mandato de su misión y respalda la idea del secretario general, Ban Ki-moon, de abrir una oficina política en Damasco para apoyar la labor mediadora internacional y canalizar la ayuda humanitaria.

"El Consejo de Seguridad constatará mañana el fin de la Misión de Observación de Naciones Unidas en Siria" (UNSMIS), aseguró hoy a Efe una fuente diplomática del máximo órgano de decisión de la ONU, que mañana, jueves, celebra consultas sobre el futuro de los expertos internacionales en el país árabe.

La última extensión del mandato de la misión alargó su presencia en el país hasta el 19 de agosto e incluía una cláusula que condicionaba una ampliación al cese del uso de armamento pesado, algo que no ha ocurrido y que llevará a la muerte de la labor de los militares desarmados que han estado en Siria desde abril.

Este mismo miércoles una bomba explotó junto al hotel de los observadores en Damasco, aunque ninguno resultó herido, en una acción reivindicada por los rebeldes sirios, que libraron también fuertes combates con el Ejército cerca de la sede del Gobierno.

Ante el recrudecimiento de la violencia y la renuncia de Kofi Annan como enviado especial, los miembros del Consejo dejarán que la misión desaparezca y están de acuerdo con Ban en que lo idóneo es crear "una oficina política en Damasco que ayude en la labor mediadora del enviado especial", dijo la misma fuente.

Se garantizará así la presencia de la ONU con la intención de librar un papel mediador entre las partes, aunque la citada oficina tendrá también "una dimensión humanitaria" y contará con un reducido número de consejeros militares, indicó la citada fuente.

El secretario general propuso concretamente al Consejo de Seguridad que sustituya a los observadores desarmados desplegados en el país por una misión que canalice la ayuda humanitaria y además impulse el diálogo político.

"Creo que hay consenso entre los miembros del Consejo de Seguridad en cuanto a que es necesario que la ONU tenga presencia en Damasco (Siria)" después de la próxima semana, dijo ante la prensa el presidente de turno del máximo órgano internacional de seguridad, el embajador francés Gérard Araud.

Araud, que volvió a reconocer que el Consejo está "hondamente dividido" en cuanto a Siria, se mostró más cauto a la hora de garantizar el acuerdo entre sus quince miembros acerca del establecimiento de esa oficina política y pidió esperar al resultado de las consultas que se celebrarán el jueves.

Las nuevas consultas del Consejo, bloqueado tras tres vetos de Rusia y China a iniciativas para aumentar la presión sobre el régimen sirio, se producen mientras se espera el nombramiento del sucesor de Annan, cargo que recaerá según todos los pronósticos y varias fuentes sobre el diplomático argelino Ladjar Brajimi.

Su nombramiento se preveía para esta semana y la ONU sigue sin confirmarlo, mientras que fuentes diplomáticas señalaron a Efe que Brajimi, de 78 años, "tiene dudas" acerca de si debe aceptar el puesto con un Consejo de Seguridad dividido y la violencia recrudecida sobre el terreno.

Araud no quiso confirmar su futuro nombramiento pero aseguró, sin referirse a un nombre en concreto, que el cargo de enviado especial "es un trabajo bien duro", por lo que es "bastante legítimo que, si se te propone el cargo, tengas dudas".

Ante las preguntas de los periodistas al respecto, el portavoz de Ban, Eduardo del Buey, aseguró hoy que el secretario general "sigue buscando activamente un sucesor" a Annan y hará un anuncio al respecto "tan pronto como sea posible".

"Todos los rumores que hay en los medios son solo rumores y no vienen de nosotros. Ban sigue barajando a quién acercarse para el cargo", añadió Del Buey.

Fuentes de la Liga Árabe habían confirmado el martes a Efe en El Cairo que Brajimi era el elegido, pero que el anuncio no se formularía hasta después de la festividad musulmana del Aid el Fitr, prevista para la próxima semana.

Todo ello coincide, además, con la publicación hoy de un informe de la ONU en el que se responsabiliza a las fuerzas del régimen sirio y a los "shabiha" (milicia progubernamental) de la matanza en la localidad de Hula, donde en mayo pasado perecieron un centenar de civiles.