Jean Claude Van Damme es un tipo inquieto pero decidido, un luchador dentro y fuera de la pantalla que no duda en soltar sus puños porque lo dice el guion o para demostrar en una entrevista con Efe que a sus 51 años aún es demasiado joven para ser una vieja gloria.

"Si tienes talento, siempre tienes talento. No lo pierdes. El carisma tampoco", asegura el actor en una conversación mantenida en un hotel de Los Ángeles con motivo del estreno de "The Expendables 2" -su proyecto más importante en años en Hollywood- el próximo viernes en Estados Unidos.

Cercano en el trato, "JC", como le llaman sus allegados, habla con la contundencia de quien se ha ganado a pulso un lugar en la historia del cine de acción, desde las producciones independientes hasta los estudios, y satisfecho de dirigir su propia carrera. Poco importa si muchos de sus proyectos fueron directamente a DVD.

"Tienes una audiencia para la gran pantalla, otra para el DVD, otra para el vídeo bajo demanda (Video On Demand)", explica sereno Van Damme quien reconoce que es "genial" volver a "estar en una gran película para el cine".

Este atleta capaz de dar giros en el aire de 360 grados culminados con una patada inclemente, su movimiento cinematográfico más repetido, afirma estar "en forma" y haber hecho las paces con la industria del celuloide tras algunos desencuentros en el pasado.

"Tuve mi ocasión, tuve mi gran oferta cinematográfica, pero la rechacé", confiesa el actor sin dar más detalles, al tiempo que indica que ha tenido que pasar casi una década para sentirse apreciado de nuevo en la meca del cine.

"Hay una nueva generación de ejecutivos en los estudios que me están dando la bienvenida a la gran pantalla. Si eso no ocurriera finalmente, al menos lo he intentado", reconoce el intérprete de "Universal Soldier".

Van Damme cita a Mickey Rourke como un ejemplo de actor que resurgió de sus cenizas artísticas con "The Wrestler", aunque insiste en que pase lo que pase en el futuro será fiel a su forma de hacer las cosas.

"Quiero ser honesto, como lo son mis interpretaciones y eso hoy en día es un problema. Si hiciera secuencias pasadas por el filtro del ordenador sé que sería falso", admite Van Damme, frustrado por el abuso de las nuevas tecnologías para las peleas en las películas.

"Es duro para alguien que lo puede hacer de verdad, no lo necesito, pero claro, te puedes hacer daño intentándolo. Para mí eso merece la pena, hacer un gran movimiento, aterrizar bien, acercarse mucho al enemigo con el pie, la precisión", enumera Van Damme.

Protagonista de cintas de principios de los 90 como "Double Impact", "Timecop" o "Street Fighter", el actor define Hollywood como un lugar extraño y reconoce que las productoras ya no dependen de artistas con habilidades físicas como las suyas para sus proyectos de acción.

"Hoy es posible todo con el croma y la informática. Los estudios son como el sistema bancario. Si Van Damme funciona en DVD simplemente invierten un millón de dólares para hacer su película y ganan 20 o 40 millones. Para qué cambiar...", declara sin resignarse del todo.

Van Damme recuerda sus comienzos, su tiempo de "rock and roll", como lo definió, cuando este belga, tan musculado como flexible, llegó a Estados Unidos con la idea de ser una estrella como Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger.

Entonces, allá por 1988 tuvo su momento con "Bloodsport", un filme sobre un torneo de artes marciales que el actor terminó por echarse a la espalda para mejorar una edición inicial que "fue muy mala".

"Cortaban los planos en medio de los golpes", cuenta Van Damme y emula algunos de sus movimientos antes de explicar que tras mucho rogar a los productores le dejaron que reeditara la película.

"Yo creé el golpe doble", dice reproduciendo con su voz el sonido cinematográfico de dos puñetazos seguidos.

"Era algo nuevo en aquel momento. Bastaba con echar para atrás tres frames (cada segundo de rodaje contiene 24 frames) de una toma de un golpe, así se dobla el efecto del impacto. Es algo que si lo hicieras ahora parecería una estupidez", comenta.

El Van Damme de "The Expendables 2" es un villano despiadado pero con un código de honor, un personaje frío que el actor encarnó hasta el punto de mantener las distancias durante todo el rodaje con el resto del reparto con Stallone, Schwarzengger o Bruce Willis a la cabeza.

"Les miré como si no fueran nadie. No hablé con ellos hasta el final, se notaba la tensión. Luego les dije que yo no era así. Ellos son mis héroes", afirma JC.

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Por Fernando Mexía