Dice el popular dicho que "no hay dos sin tres", y ese fue el gancho escogido por los anunciadores de la televisión española que retransmitió la última Eurocopa para narrar el tránsito de España en el torneo: después de ganar la Euro 2008 y el Mundial en 2010, faltaba repetir en la cita de Ucrania y Polonia.

Pero en la Liga española, la expresión del "tercero en discordia" se antoja menos apetecible. En una competición dominada con autoridad por los dos grandes clubes del país, Real Madrid y Barcelona, para el resto queda básicamente el premio de figurar en tercer lugar. Y generalmente, a un mundo de distancia.

Un club histórico como el Valencia se llevó el "honor" de quedar tercero en las últimas tres temporadas, ganándose una plaza para disputar la Liga de Campeones donde, frente a equipos de inferior poderío a los dos gigantes españoles, goza de mayores oportunidades.

En la pasada campaña, el Valencia quedó el primero de "la otra liga", a 30 puntos de distancia del Barsa, que acabó segundo, y a 39 del campeón Madrid.

Pero la exigente afición "che", desinteresada en atender al panorama actual, pretende recuperar la época de gloría de principios de milenio cuando, bajo la batuta del técnico Rafa Benítez, ganó dos ligas.

Con esa desproporcionada exigencia, dijo adiós tras la temporada al técnico Unai Emery, quien buscó el cobijo de la liga rusa, y se entregó a un referente de su mejor época como el argentino Mauricio Pellegrino, ex central en la época de Benítez y ahora debutante en un banquillo de la primera división.

Pellegrino tomó el mando en un club que, como tantos otros en la liga española, acucia graves problemas económicos, como evidencian sus dos estadios en la ciudad: el nuevo, parado a medio construir desde hace años por falta de fondos, y el viejo, imposible de vender al precio originalmente estipulado.

Pese a ello y la fuga del lateral Jordi Alba al Barcelona, Pellegrino volverá a contar con un equipo competitivo tras las adquisiciones del argentino Fernando Gago (ex del Madrid), el mexicano Andrés Guardado (Deportivo La Coruña) y, a última hora, el paraguayo Nelson Valdez, quien llegó cedido del Rubin Kazan ruso.

Si las expectativas con Pellegrino apuntan alto, el entusiasmo se ha visto considerablemente rebajado en casa de un hombre de apellido parecido y cercano origen, cuyo refrán más adecuado sería el de "poco dura la alegría en casa del pobre".

Al prometedor Málaga del chileno Manuel Pellegrini le dio un vuelco la vida cuando su propietario, el jeque catarí Abdalá Al Thani, decidió purgar un plantel que, por primera vez en la historia del club, había logrado acabar el torneo local en cuarta posición, mereciendo una plaza para jugar la Liga de Campeones.

Pero la maltrecha economía manda y, solo un año después de recibir una inyección de 60 millones de euros, Málaga deberá afrontar el próximo compromiso contra el campeón griego Panathinaikos — por la fase preliminar de la Liga de Campeones — sin su indiscutible estrella del curso anterior, el centrocampista Santi Cazorla, traspasado al Arsenal inglés, ni su máximo goleador, el venezolano Salomón Rondón, vendido al Rubin Kazan.

Los problemas del Athletic de Bilbao para retener a su cañonero Fernando Llorente, quien anunció que no renovará contrato a final de temporada, obedecen más a sus históricas limitaciones de mercado que problemas financieros.

Pero, independientemente de la posible marcha de Llorente, el técnico argentino Marcelo Bielsa deberá ingeniárselas para intentar por lo menos repetir el éxito de su primera campaña en Bilbao: subcampeón de Copa del Rey y Liga Europa y décimo clasificado en la liga.

Felizmente, el regreso del ariete Aritz Aduriz (Valencia) garantiza un relevo adecuado en caso de que se marche finalmente Llorente, pero Bielsa necesitará que jóvenes como Iker Muniain, Javi Martínez y Oscar De Marcos sigan subiendo peldaños en su progresión.

Mayores posibilidades se le antojan al Atlético de Madrid que dirige su compatriota Diego Simeone. El "Cholo" dio un giro de 180 grados a la temporada del equipo rojiblanco el año pasado, cuando relevó a Gregorio Manzano en el banquillo y llevó al equipo a la conquista de la Liga Europa, precisamente ganando en la final al Athletic.

Tanto en Europa como en España, resultó fundamental el papel del colombiano Radamel Falcao, tercer máximo goleador de la liga tras el barcelonista Lionel Messi y el madridista Cristiano Ronaldo. Los 24 tantos del "Tigre" en la liga y 12 en Liga Europa marcaron el éxito de un equipo que ha perdido a notables como el brasileño Diego (Wolfsburgo) y el argentino Eduardo Salvio (Benfica), pero ha incorporado al extremo uruguayo Cristian Rodríguez y el central argentino Daniel Díaz, quien apuntalará la defensa.

Descendido a segunda división el Villarreal y con pocas posibilidades de repetir su clasificación europea el modesto Levante, el Sevilla aparece como "tapado" tras una decepcionante campaña 2011-2012, donde acabó noveno. El club andaluz, que forjó sus éxitos de la década anterior, en que ganó dos Ligas Europa consecutivas en una excelente política de fichajes, se ha reforzado con la llegada del veterano arquero Diego López (Villarreal), el prometedor central Alvaro Botía (Sporting de Gijón) y el codiciado mediapunta chileno Bryan Rabello (Colo-Colo).

En Sevilla aún recuerdan la final de la Supercopa ganada al Barsa en 2006, pero todo marca que la liga 2012-2013 será, como en los últimos años, nuevamente cosa de dos.