La Liga española echa a rodar el próximo sábado y no se habla de un fichaje sonado. La gran cara nueva de la temporada que arranca es la del nuevo técnico del Barcelona, Tito Vilanova. O semi-nueva, mejor dicho.

Vilanova saltó a la fama hará justamente un año, en el partido de vuelta de la Supercopa española entre el Real Madrid y Barcelona, cuando el técnico blanco, José Mourinho, decidió ponerle el dedo en el ojo en plena trifulca entre banquillos.

El incidente, que resultó en suspensión para ambos, fue captado por las cámaras de televisión y la imagen dio la vuelta al mundo.

Vilanova, hombre de club de bajo perfil mediático, fue objeto de análisis y hasta burla, cuando Mourinho se refirió a él como "Pito" en vez de Tito, diminutivo de Francisco.

Pero el nombre del nativo de Bellcaire, en la provincia catalana de Girona, era ya por entonces sobradamente conocido, y el mundo futbolístico no tardó en recordar su rostro cuando fue presentado como nuevo entrenador del cuadro azulgrana tras el adiós del venerado Pep Guardiola.

En realidad, la despedida de Guardiola y la promoción de Vilanova fueron anunciadas en un mismo acto, en un intento por parte del club de escenificar una línea continuista con la época más dorada que haya vivido el barcelonismo.

Ansioso por rebajar la sensación de orfandad que desprendía la retirada de Guardiola tras tres Ligas y dos Ligas de Campeones conquistadas, el presidente Sandro Rosell nombró a su segundo, Vilanova, como entrenador.

"Una decisión producto del pánico", opinó entonces el ex mandatario Joan Laporta, en continuo enfrentamiento con su anterior vicepresidente.

Ciertamente el relevo fue inesperado, fruto en parte de la indefinición de Guardiola, acostumbrado a renovar año con año, y pareció agarrar por sorpresa a los propios protagonistas.

Parte del entorno interpretó la acelerada sucesión como una traición por parte de Vilanova, como valoró en 1995 Johan Cruyff la promoción de su segundo, Carles Rexach. Una fricción que desembocó en la ruptura de una larga amistad entre ambos.

Pese a los desmentidos de Pep y Tito, los paralelismos entre Guardiola y su mentor, Cruyff, han sido constantes, con lo que la sombra de la época de Rexach se posa sobre el futuro inmediato de Vilanova, cuya relación con Guardiola se remonta a sus años jóvenes como compañeros en la cantera azulgrana.

Y las comparaciones no son alentadoras.

La etapa de Rexach al mando del Barsa en la campaña 1995-1996 fue discreta, quedando por encima del Madrid, pero sólo tercero, a siete puntos del campeón Atlético de Madrid. El entrenador al año siguiente fue el inglés Bobby Robson.

Vilanova no sólo afronta un gran vacío que llenar sino que, para ello, ha contado con limitados refuerzos. Tras la baja del polivalente Seydou Keita, sólo Jordi Alba — procedente del Valencia — figura hasta la fecha como fichaje. El club intenta convencer al Arsenal inglés para que le traspase al centrocampista camerunés Alex Song.

El nuevo timonel no parece amilanarse ante el reto, aunque el mismo día de su presentación se apresuró a marcar distancias. "Pep me pedía opinión y tomábamos las decisiones de forma conjunta, así que no voy a cambiar sólo para intentar diferenciarme de Pep. Pierdo en cualquier comparación, así que no voy a competir contra eso", declaró.

La apuesta, una vez más, parece ser el producto local, con hasta cuatro canteranos subiendo al primer equipo. Uno de ellos podría ser el mexicano Jonathan Dos Santos, aún en periodo de evaluación.

Y está Leo Messi, claro. Como en la etapa de Guardiola, el astro argentino será nuevamente la gran baza del Barsa y, por extensión, del nuevo inquilino en el banquillo.

Tras 50 goles en liga y 73 en el computo de competiciones, "La Pulga" parece más enchufada que nunca para devolver al Barsa la liga que le quitó el Madrid la pasada campaña.

Pero el secreto del éxito del retirado entrenador siempre fue el de saber mimar a Messi, un futbolista único que requiere trato preferente.

Esa será la gran asignatura de Vilanova, quien escapa del tópico de policía bueno con el que se asocian a menudo los segundos de a bordo.

Vilanova siempre fue un consultor privilegiado de Guardiola, pero mantuvo a distancia las relaciones personales con los futbolistas, por mucho que algunos no se esfuercen en disimular sus preferencias.

"Con Pep no acabé de entender el sistema. El año pasado, también por comentarios suyos, me faltó algo. No fui yo. Tito me conoce desde pequeño y estoy seguro que este año irá mejor", reveló recientemente Cesc Fábregas, el ex del Arsenal Inglés, fichado precisamente a instancias de Vilanova.

El otro examen estará en la sala de prensa, donde su antecesor se movió casi siempre con maestría, sobre todo ante el incesante azote mediático del avispado Mourinho desde la capital.

Por ahora, el nuevo jefe del Barsa no ha exhibido las mismas dotes ante los micrófonos, y habrá que ver cuánto tarda su rival en Madrid en lanzar su primer dardo desestabilizador.

Finalmente se reencontrarán el jueves de la próxima semana, en la reválida de la Supercopa en Barcelona, una vez la federación española decidió levantar su castigo.

La tercera exigencia para el nuevo técnico es de índole personal, pues deberá equilibrar las renovadas exigencias bajo presión con el mantenimiento de su estado de salud, tras ser operado de cáncer el año pasado.

Sobre la cancha, Messi ha realizado su primera pretemporada completa desde 2009. Messi, el chileno Alexis Sánchez y la vuelta del lesionado David Villa parecen garantizar la cuota goleadora en un equipo que nuevamente basará su engranaje en los recientes campeones de la Eurocopa Sergio Busquets, Andrés Iniesta y Xavi Hernández.

Este último, quien ya sabe lo que es seguir los pasos de Guardiola sobre el campo, cuando le relevó en la privilegiada posición de "cuatro", quizás dio la clave sobre el supuesto cambio de ciclo en el Barsa: "Tito es humilde y trabajador, con los valores de la casa. Más que entrenador nuevo, es semi-nuevo, porque ya lo conocemos, el sistema es el mismo y los futbolistas también".