Una turba quemó vivos a dos brasileños sospechosos de asesinar a tiros a tres bolivianos en el poblado fronterizo de San Matías, informó la policía el miércoles.

Enardecidos vecinos irrumpieron en la comisaría el martes por la noche, empujaron a los diez policías que se encontraban en el lugar, sacaron de la celda a los dos brasileños detenidos, les propinaron una feroz golpiza y después les prendieron fuego en la calle, relató el mayor Edwin Rojas, jefe policial en esa población a 1.040 kilómetros al este de La Paz.

"La furia fue incontrolable, la policía no pudo hacer resistencia, rechazó entregar a los detenidos y la violencia popular aumentó", explicó la comandante policial de la región coronel Lily Cortez.

"No había necesidad de que hagan justicia por sus manos, los sospechosos ya estaban detenidos", señaló por su parte el fiscal Isabelino Gómez.

Según Gómez la turba de unas 400 personas llegó a las celdas con machetes, palos, piedras y bombas incendiarias; prendieron fuego un vehículo y saquearon la comisaría.

El alcalde de San Matías Carlos Velarde contó a la AP por teléfono que la policía hizo disparos para detener a la multitud. En los últimos tiempos San Matías se ha convertido en un refugio de delincuentes brasileños ante el escaso control policial, dijo Velarde.

Policías y fiscales fueron enviados a la zona para restablecer el orden e iniciar investigaciones. "Vamos a identificar a los responsables y procesarlos", dijo Cortez. En el consulado de Brasil en Santa Cruz, la capital de la región, se informó que una comisión arribará a la zona para recoger información.

Los linchados fueron identificados como Rafael Max Díez, de 27 años, y Jefferson Castro de Lima, de 22. Ambos habían sido aprehendidos por la policía el martes por la tarde acusados a asesinar a tiros horas antes a tres bolivianos y dejar heridos a dos. El primero era prófugo de una cárcel boliviana.

Sergio Ramos, uno de los sobrevivientes de la balacera, relató el miércoles a la televisora Red Uno que el grupo de bolivianos y brasileños bebía cerveza y bromeaba cuando Max Díez sacó un revólver y comenzó a disparar. "Me salvé porque fingí estar muerto", dijo. El hombre recibió un disparo en el brazo.

"Es bárbaro lo que ocurrió el martes por la noche, pero la gente está cansada de tanta inseguridad, ninguna autoridad se ocupa de este pueblo donde los delincuentes hacen lo que les da la gana", dijo el miércoles por teléfono a la AP el concejal Claudio Rojas. Agregó que los cuerpos de los linchados fueron entregados a la policía brasileña la medianoche del martes.

Una mancha negra quedó en medio de la calle donde ardieron los cuerpos.

No hay detenidos entre los instigadores del linchamiento.

San Matías, de unos 15.000 habitantes, es un pueblo donde son frecuentes los ajustes de cuentas entre bandas de traficantes de cocaína y ladrones de autos de ambos países. Es uno los principales trasiegos de la droga hacia Brasil.

La línea fronteriza está a siete kilómetros de San Matías y sólo hay controles policiales y militares en dos pasos fronterizos, pero hay más de una decena de pasos clandestinos, dijo Velarde.

Según Paulo Gomes, portavoz de la policía federal del estado brasileño de Mato Grosso, vecino a San Matías, autos y motos son robados en Brasl y vendidos o canjeados con droga en esa zona de Bolivia.

Gomes dijo que la zona es una de las regiones fronterizas donde Brasil recientemente envió tropas.

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El periodista de The Associated Press en Sao Paulo Stan Lehman colaboró con esta información.