A ambos lados de la frontera entre la India y Pakistán, enemigos desde su nacimiento, cientos de personas aprovechan cada año la conmemoración de la independencia para convertir la línea divisoria en un punto de encuentro.

Convocados por varias entidades y en un ambiente festivo, cerca de 200 activistas paquistaníes se acercaron anoche a la frontera para encontrarse con otros tantos indios y unirse en cantos a favor del entendimiento mutuo y la paz.

El paso fronterizo de Wagah, cercano a la ciudad paquistaní de Lahore y la india de Amritsar, vive a diario una ceremonia marcial que recuerda la rivalidad de ambos países para deleite de locales y turistas, pero una vez al año es escenario de un acto muy diferente.

El 14 de agosto de 1947 se creó formalmente Pakistán y al día siguiente nació la India, de forma que la concentración se hace el 14 de agosto a las 23:30 hora paquistaní, que coincide con la medianoche del 15 en la India.

En esta ocasión, los sorprendentemente escasos policías presentes permitieron a los concentrados acercarse hasta la verjas que cierran la frontera y asistieron impasibles a los cánticos en favor de la amistad indo-paquistaní.

El lema más coreado a ambos lados fue a favor de la relajación de las barreras para la concesión de visados en ambos países, ya que los presentes coincidían en que conocer al otro es clave para poder superar las cicatrices que dejó la traumática separación de 1947.

"Si se relaja la política de concesión de visados nos podremos acercar y conocernos realmente", dijo a Efe una joven asistente a la concentración, Sadaf Chima, que como el resto cantó y encendió velas en favor del acercamiento entre dos pueblos que viven de espaldas.

"Somos dos pueblos hermanos y la mayoría queremos simplemente la paz", comentó vela en mano Mirza Kamran, un abogado de Lahore que asistía por primera vez a la concentración en el lado paquistaní, desde donde ya se han hecho cuatro encuentros de este tipo.

"Cuando entran en contacto los habitantes de ambos lados, en especial los jóvenes, se crean lazos y cambian totalmente las percepciones preconcebidas, negativas, entre indios y paquistaníes", afirmó la veterana activista Saída Diep.

Esta abogada especializada en derechos humanos tiene una amplia experiencia en iniciativas de acercamiento entre ciudadanos de ambos lados; aunque siempre han sido a muy pequeña escala se han saldado con resultados muy positivos, especialmente entre jóvenes.

Diep encabeza también desde el año pasado un campaña de recogida de apoyos para conseguir que el Gobierno paquistaní facilite el acceso a visados para ciudadanos que quieren conocer "el otro lado" y de momento tiene 85.000 firmas, aunque quiere conseguir 100.000.

Entre la India y Pakistán no existe el visado de turismo y los requisitos para una visita son tan extensos que quedan fuera del alcance de la mayoría de la población, a lo cual hay que añadir la dificultad derivada de que solo hay una oficina de visados por país.

"En el mejor de los casos, a un paquistaní le cuesta más de mes y medio conseguir el permiso, pero la documentación exigida -por ejemplo, datos financieros- es imposible de conseguir para la mayoría de la población", lamentó Diep.

"Los Gobiernos de ambos países no están mucho por la labor de facilitar los contactos personales", reconoció por teléfono desde Nueva Delhi el impulsor de la concentración pacifista en el lado indio, el periodista de 88 años y nacido en Pakistán Kuldip Nayar.

Como otros impulsores del entendimiento entre indios y paquistaníes, Nayar está convencido de que la influencia de los respectivos ejércitos es decisiva para que ambos países se sigan mirando con desconfianza y hasta odio.

La independencia causó el desplazamiento de millones de personas que se iban a India o Pakistán sorteando trágicas matanzas, y desde entonces ambos países han librado tres guerras y varios conflictos menores a causa de sus disputas territoriales.

"Si no hubiera esa tensión, ¿cómo se iban a justificar las dimensiones de ambas fuerzas armadas?", se preguntó.

Hace 17 años, Nayar lanzó junto a una decena de personas la iniciativa de reunirse en la frontera en este día, un gesto que respondía al sentimiento que tuvo la primera vez que cruzó por ese paso.

"Fue apenas meses después de la partición de 1947, y en cierto modo me prometí que lucharía para que esa división no fuera eterna", dijo Nayar, quien expresó su confianza en que las nuevas generaciones sean capaces de superar el pasado con más facilidad.

"En cierto modo parten de cero, no tienen los recuerdos de los viejos y eso puede ser un buen punto de partida para reconstruir la visión del otro país", reflexionó Nayar.

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Por Pau Miranda