La campaña internacional para liberar a las Pussy Riot está cobrando fuerza. Los simpatizantes de la banda punk preparan movilizaciones en más de 20 ciudades del mundo para una manifestación simultánea antes de que una corte rusa dicte si las acusadas van o no a prisión.

Las protestas previstas para el viernes se suman a una ola de apoyo para las tres mujeres que llevan más de cinco meses en la cárcel por hacer una manifestación contra Putin en la principal catedral de Moscú. Las peticiones para que sean liberadas provienen de una larga lista de celebridades que incluye a Madonna y Bjork.

Ya se han realizado manifestaciones en varias capitales occidentales, incluyendo Berlín, donde unas 400 personas acompañaron a la artista canadiense electro-pop Peaches para apoyar a la banda punk.

Una de las expresiones más extrañas a favor provino del alcalde de Reykjavik, Jon Gnarr, quien caminó por las calles de la capital islandesa durante la Marcha del Orgullo Gay disfrazado al estilo de las integrantes de la banda, con un vestido rosa brillante y un pasamontañas del mismo color, mientras cantaba con una pista una de las piezas de Pussy Riot.

Aunque las punk y sus abogados están convencidos de que el veredicto depende por completo de la voluntad del presidente Vladimir Putin, y los fiscales han pedido una sentencia a tres años en prisión, los activistas esperan que su presión sirva para reducir la pena o incluso liberar a las mujeres.

Putin ha dicho que las integrantes de la banda no deberían ser juzgadas severamente, pero corre el riesgo de dar la impresión de ser débil si las deja libres.

Amnistía Internacional ha declarado a las punk prisioneras de conciencia y ha recolectado decenas de miles de peticiones que serán enviadas al gobierno ruso, aunque el grupo defensor de los derechos humanos también ha denunciado que no se le ha permitido entregarlas. Cajas con 70.000 firmas fueron llevadas a la embajada rusa en Washington el martes, pero un diplomático ruso las sacó del edificio y las tiró en una acera, dijo la vocera de Amnistía Internacional Sharon Singh.

"No quiso que llegaran a tierra rusa", dijo por teléfono el miércoles. Se intentó establecer contacto telefónico con la embajada sin recibir respuesta.

Nadezhda Tolokonnikova, Maria Alekhina y Yekaterina Samutsevich eran casi desconocidas antes de su protesta en la Catedral de Cristo Salvador en febrero. Las tres bailaron, gritaron e hicieron escándalo con su "oración punk", en la que le pedían a la Virgen María que se llevara a Putin de Rusia. Por esas fechas Putin estaba por asumir su tercer periodo en la presidencia.

Las mujeres fueron arrestadas y acusadas de vandalismo motivado por intolerancia religiosa, lo cual implica una pena máxima a siete años en prisión. Desde entonces han sido vilipendiadas por los medios estatales, aunque han ganado el apoyo de personas en el exterior y en la misma Rusia.

El miércoles unas 20 personas con pasamontañas de colores realizaron una manifestación frente a la entrada de la catedral, con un mensaje que decía "los misericordiosos son benditos", antes de ser detenidas por la policía.

"Esto fue para apoyar a las chicas", dijo Anna Tashina, de 18 años, una de las manifestantes detenidas. "Queremos que sepan que las apoyamos, que no las hemos olvidado".

Madonna también se puso un pasamontañas durante su concierto en Moscú la semana pasada y se escribió "Pussy Riot" en la espalda. Yoko Ono envió un mensaje personal a Samutsevich diciendo: "El poder de cada una de tus palabras crece en nosotros".

Varios músicos británicos destacados, como Pete Townshend de The Who y los integrantes de los Pet Shop Boys, publicaron una carta en el diario Times of London antes de la visita de Putin a los Juegos Olímpicos solicitando un juicio justo para las integrantes de Pussy Riot.

El viernes, a horas de que se dicte el veredicto, se realizará la protesta coordinada por los abogados de las músicas detenidas en ciudades como Nueva York, Barcelona y Londres.

En París, la manifestación se realizará en la Plaza Stravinsky encabezada por Alexey Prokopyev de la organización Russie-Libertés para rusos estudiando o trabajando en Francia.

"La mayoría de la gente va a estas manifestaciones en París porque no podemos estar en Rusia por nuestro trabajo o estudios", dijo Prokopyev, quien nació en la ex Unión Soviética y ha vivido la mayoría de los últimos 17 años en Francia. "Todos quisiéramos estar en Moscú ahora, pero como no podemos lo hacemos en París".

Por su parte el departamento de Estado de Estados Unidos ha expresado su preocupación por lo que denominó como una "persecución con motivaciones políticas de la oposición rusa y la presión contra todo aquello que exprese su disenso".

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Greg Keller en París, David Rising en Berlín y Lynn Berry en Moscú contribuyeron con este despacho.