El presidente islamista de Egipto se arrogó el derecho a legislar y controlar el proceso de una nueva constitución, y nombró a un ministro de defensa que seguramente será su aliado.

En lo que va del gobierno de Mohammed Morsi, las autoridades han acallado a los detractores influyentes en la prensa. Aunque es civil, Morsi asumió el control de las operaciones militares contra grupos extremistas en la península del Sinaí.

Morsi ordenó el fin de semana el retiro del ministro de defensa y jefe del estado mayor, y recuperó facultades cruciales que las fuerzas armadas le habían usurpado días antes de que tomara posesión el 30 de junio.

Con estas medidas, Morsi, el primer presidente libremente elegido en Egipto, acumula facultades similares a las que tenía su predecesor Hosni Mubarak.

Si Morsi carece de contrapesos institucionales, existen temores de que éste y su grupo fundamentalista, la Hermandad Musulmana, frustren el anhelo de la revuelta popular de tener un gobierno democrático y persigan su propio objetivo de convertir al país en un Estado islámico.

La Hermandad ganó las elecciones legislativas y presidenciales tras la revuelta de 2011 que obligo a Mubarak a dejar el poder. La incertidumbre ahora es si existe alguna instancia en el país que pueda contrarrestar el poder de Morsi y la Hermandad, al tiempo que les impida asumir el control de las instituciones y consolidar su dominio en el país.

"¿Estamos viendo a un presidente decidido a desmantelar la maquinaria de la tiranía... o a uno que adapta la maquinaria de la tiranía para sus propios intereses, eliminando el control del ejército sobre el Estado a fin de establecer las bases para la autoridad de la Hermandad?", escribieron prominentes activistas de derechos humanos y el famoso novelista Alaa al-Aswani en un artículo difundido el martes en un diario independiente.