Un total de 38 camboyanos murieron este año por disparos de soldados tailandeses durante las operaciones contra la tala ilegal de árboles en Tailandia, según un informe divulgado hoy por las autoridades camboyanas.

Además, otros diez camboyanos resultaron heridos, 194 fueron encarcelados y más de 68.000 fueron deportados por cruzar ilegalmente a territorio tailandés para talar ilegalmente entre enero y junio de este año.

El tráfico ilegal de madera es habitual en los más de 800 kilómetros de frontera que comparten Camboya y Tailandia, país que ilegalizó la tala de árboles en 1989.

La explotación ilegal de los bosques también afecta a algunas compañías que operan en Camboya y que han sido denunciadas de tala ilegal y de apropiaciones indebidas de tierra comunales por las organizaciones defensoras del medio ambiente.

El primer ministro camboyano, Hun Sen, suspendió el pasado mayo temporalmente la concesión de licencias de explotación forestal tras la muerte de un destacado activista en un altercado con militares.

La decisión se produjo en medio de las protestas de organizaciones nacionales e internacionales por el fallecimiento del camboyano Chut Vuthy el pasado 26 de abril en un incidente con un soldado cuando recababa pruebas contra la deforestación ilegal.

Según el grupo "Global Witness", que Hun Sen contrató hace años para supervisar las junglas del país y que fue despedido cuando se volvió demasiado incisivo, la corrupción en los gobiernos local y nacional y los cuerpos de seguridad ampara la explotación maderera ilegal en Camboya, un negocio que produce unos 13 millones de dólares al año.

Otras empresas lucrativas que merman las junglas camboyanas son las plantaciones de caucho y de palma de aceite.

A finales de 2010, Camboya, con una extensión de 18,1 millones de hectáreas, tenía unas 80 concesiones que afectaban a 1.127.841 hectáreas de terreno en 16 provincias, de acuerdo con datos de "The Center for People and Forests", una entidad financiada por la Unión Europea.