Helen Gurley Brown, la editora que convirtió la revista Cosmopolitan en una guía de sexo y glamour para chicas solteras, falleció el lunes. Tenía 90 años.

Brown murió en un hospital en Nueva York tras una breve internación, dijo el director ejecutivo de Hearst, Frank A. Bennack, Jr.

Brown saltó a la fama con un exitoso libro titulado "Sex and the Single Girl" (El sexo y la chica soltera) en 1962. Tres años después fue contratada por Hearst Magazines para darle un giro a la lánguida Cosmopolitan, que pasó a ser su obligación los 32 años siguientes.

Al principio dijo que su objetivo era decirle a sus lectoras "cómo conseguirlo todo en la vida: dinero, reconocimiento, éxito, hombres, prestigio, autoridad, dignidad. Lo que sea que estén buscando a través del vidrio contra el cual está presionada su nariz".

"Era una revista fabulosa", dijo en retrospectiva cuando renunció a la dirección de la edición estadounidense en 1997. "Me gustaría que mi legado sea, 'Creó algo que ayudó a la gente'. Mi lectora, siempre sentí, era alguien que necesitaba realizar su potencial".

A lo largo del camino añadió términos al lenguaje como "Chica Cosmo", una mujer en la onda, sexy, llena de vida e inteligente.

Puso en portada bellezas de grandes melenas y profundos escotes fotografiadas por Francesco Scavullo, junto a titulares como "El sex-ceso está condenado al fracaso — Hechos sobre nuestras verdaderas necesidades en la cama".

Las páginas desplegables con fotos de hombres se incorporaron en los 70 — el actor Burt Reynolds posando desnudo en 1972 causó sensación — pero desaparecieron en los 90.

Brown y Cosmo eran odiadas por militantes feministas, que montaron una sentada en su oficina. Una de ellas, Kate Millet, dijo: "Las políticas reaccionarias de la revista eran demasiado para digerir, especialmente la parte de cazar hombres. Todo el mensaje parecía decir, 'Seduce a tu jefe, cásate con él'''.

"Bad Girls Go Everywhere" (Las chicas malas van a todos lados), la biografía de Brown del 2009 escrita por Jennifer Scanlon, profesora de estudios de la mujer, argumentó que su mensaje hacía de Brown una feminista aun cuando el movimiento no la reconocía como tal.

De lo que no hubo dudas es que Brown rápidamente convirtió una revista en decadencia en un éxito de ventas.

Con sólo cuatro ejemplares, la circulación, que había caído por debajo de las 800.000 lectoras garantizadas a los anunciantes, iba en aumento, aun cuando el precio se incrementó de 35 centavos a 50 y luego 60.

Las ventas subieron año tras año a poco más de 3 millones de copias en 1983, y poco a poco se establecieron en 2,5 millones a 2,95 dólares la copia cuando Brown se fue en 1997. (Brown siguió siendo editora en jefe de las ediciones extranjeras de la revista).