El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, partió hoy hacia la ciudad saudí de La Meca para asistir a la cumbre de urgencia de gobernantes musulmanes convocada por el rey Abdulá de Arabia Saudí, informó la agencia oficial de noticias iraní, IRNA.

Antes de partir para La Meca, Ahmadineyad dijo a los periodistas que esperaba que este encuentro sirva para acercar posturas sobre asuntos que enfrentan a los países musulmanes.

También espera presentar allí el punto de vista iraní sobre "las relaciones bilaterales, cuestiones regionales y los cambios que se están produciendo", en referencia a las revueltas y revoluciones en los países árabes.

La sesión extraordinaria de gobernantes de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) convocada por el rey Abdulá de Arabia Saudí que comienza mañana tratará "los últimos acontecimientos en el mundo islámico", según explicó sucintamente la Oficina Presidencial iraní.

Según las autoridades de Teherán, en está reunión Ahmadineyad y el resto de la delegación iraní tratarán de resolver sus diferencias con otros países musulmanes, en especial con Arabia Saudí, Baréin y Turquía, con los que las tensiones se han acrecentado debido a sus posturas discrepantes respecto al conflicto de Siria.

Según medios iraníes, la cuestión principal que el rey Abdulá quiere que se trate en la reunión de gobernantes de la OCI, compuesta por 57 miembros de pleno derecho y una docena de organizaciones y estados observadores, son "los riesgos de sedición en los países musulmanes".

Ahmadineyad está acompañado en este viaje por Ali Akbar Velayati, asesor de Asuntos Internacionales del líder supremo de Irán, ayatolá Ali Jamenei, y uno de los personajes más influyentes del régimen islámico.

Además, viajan en la delegación el asesor principal de la Presidencia, Mojtaba Samareh Hashemi, el jefe de la Oficina Presidencial, Esfandiar Rahim Mashai, y varios ministros del Gabinete.

Irán, donde rige un sistema teocrático islámico chií, es el principal rival en el golfo Pérsico de Arabia Saudí, una monarquía absoluta musulmana suní de carácter radical "wahabí" y, aunque ambos estados son socios en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), sus relaciones son tensas.

Mientras que Riad es un firme aliado de Washington, Irán considera a EEUU su principal enemigo junto con Israel y sus tensiones se han acrecentado por sus posturas divergentes respecto al conflicto sirio, en el que Teherán respalda al régimen de Damasco mientras Arabia Saudí apoya a los rebeldes.

La República Islámica de Irán, que reprimió sangrientamente las protestas surgidas tras las denuncias de fraude en las últimas elecciones presidenciales de 2009, ha apoyado, salvo en el caso de Siria, las revoluciones y revueltas de la "primavera árabe", que el régimen de Teherán denomina "despertar islámico".

En especial, Irán ha respaldado las protestas en Baréin de la mayoría chií del país para exigir reformas democráticas a la monarquía suní que gobierna ese estado insular, y también las exigencias de derechos de las poblaciones chiíes del este de Arabia Saudí.

Tanto en Baréin como en Arabia Saudí, según organizaciones de defensa de los Derechos Humanos, las autoridades han reprimido violentamente las