Justin Serrano tenía 13 años la primera vez que fue detenido por la policía. Sostiene que caminaba de la escuela a la casa con su hermano de 7 años cuando los agentes lo pusieron contra la pared, lo cachearon y lo mantuvieron en el asiento trasero de un vehículo policial durante más de una hora mientras ambos menores lloraban. Luego dejaron partir a Serrano, y le dijeron que lo habían confundido con otra persona.

Fue un momento determinante en la vida de Serrano. Cinco años después, compartió experiencias junto a otros adolescentes hispanos y negros con una historia similar en Make the Road, una organización comunitaria en un barrio latino de Brooklyn. Asesorados por dos profesores universitarios, los adolescentes aportaron preguntas para un sondeo sobre la táctica de "detención y cacheo" de la policía neoyorquina.

La política de la policía neoyorquina de detener y en ocasiones registrar a una persona que los agentes consideren sospechosa han ocasionado un debate y demandas federales. Los oponentes sostienen que la medida es anticonstitucional y facilita la caracterización racial, mientras que la municipalidad y sus partidarios creen que la medida ha reducido los crímenes violentos.

La policía neoyorquina detuvo a casi 700.000 personas en la calle el año pasado, frente a 90.000 hace una década. Casi el 87% fueron de raza negra o hispana. Casi la mitad fueron cacheadas y el 10% detenidas.

Una juez federal otorgó en mayo categoría de demanda colectiva, por lo que miles de personas que fueron detenidas a lo largo de los años podrían sumarse a la denuncia presentada por el Centro de Derechos Constitucionales en nombre de cuatro hombres negros. En junio, la Unión de los Derechos Civiles de Nueva York distribuyó una aplicación para teléfonos inteligentes con el propósito de acabar con las detenciones y cacheos que permite a los transeúntes grabar las detenciones policiales y alertar de inmediato a otros de dónde ocurre.

La juez federal Shira Scheindlin dijo que hay "pruebas abrumadoras" de que la policía ha realizado miles de detenciones ilegales sobre la base de razones muy endebles como "movimientos furtivos". Criticó además a la policía neoyorquina por mostrar "una apatía realmente preocupante hacia los derechos constitucionales más fundamentales de los neoyorquinos".

Al día siguiente, el Comisionado de Policía Raymond Kelly anunció cambios en el entrenamiento y supervisión de los agentes, y desde entonces el número detenciones ha mermado de forma apreciable.

Sin embargo, el comisionado Kelly y el alcalde Michael Bloomberg defienden tenazmente la práctica policial que ha permitido transformar Nueva York en una de las grandes ciudades más seguras de Estados Unidos.

Ambos afirman que el controversial programa ha contribuido a evitar miles de muertes al retirar armas de las calles, y rechazan el señalamiento de encasillamiento racial con el argumento de que hay más negros e hispanos entre los detenidos debido a que muchos vecindarios de minorías tienen los índices de delincuencia más altos.

"Nadie debería pedirle a Ray Kelly que se disculpe — él no lo hará ni yo tampoco", dijo Bloomberg el día del fallo. "Y creo que es justo decir que detener, preguntar y cachear ha sido una parte esencial del trabajo del Departamento de Policía de Nueva York".

El gobierno y la policía de Nueva York no respondieron de inmediato a solicitudes para conocer su posición.

La política de "detención y cacheo" se remonta a la década de 1990 cuando el alcalde Rudy Giuliani adoptó la táctica de "cero tolerancia" en la vigilancia con base en la teoría de que castigar los ilícitos menores ayudaría a reducir los delitos mayores.

Pero los neoyorquinos están casi divididos casi por mitades sobre la política policial.

Un sondeo de la Universidad de Quinnipiac en marzo mostró que el 49% de los electores la desaprobaba, mientras el 46% la avalaba. La encuesta, con un margen de error de 3,2 puntos porcentuales, encontró una división mayor entre blancos y negros. Mientras casi el 60% de los votantes blancos la favorecía, el 68% de los negros la rechazaba.