Javier Culson, que esperaba dar a Puerto Rico su primera medalla olímpica de oro, no habló mucho con la prensa durante los Juegos de Londres. Pero sí se comunicaba con la gente.

"La primera carrera mala del año, yeeesss", dijo después de las preliminares del 4 de agosto, en las que se clasificó a la final de los 400 metros con vallas. "Como siempre estoy extremadamente orgulloso de representarlos. Me mueve mucho el apoyo que he recibido y ver como todo un pueblo se ha unido. El lunes 6 de agosto dejaré cuerpo y alma en la pista".

Culson, que terminó alzándose con una presea de bronce, fue uno de numerosos atletas que hicieron de Twitter uno de los grandes protagonistas de los Juegos y afianzaron a la red social como el principal medio de comunicación de la era moderna.

Muchos deportistas adoran la red porque les permite establecer un vínculo más estrecho con el público y a menudo tuitearon sus impresiones apenas concluidas las competencias, antes incluso de hablar con los medios. Los atletas aferrados a un teléfono multiusos comunicándose con sus familiares, amigos y seguidoras luego de competir es una de las imágenes de los juegos.

Cada vez más gente, por otro lado, se informa a través de Twitter, que sirve como barómetro para medir la popularidad y el impacto de los atletas.

Luego de ganar los 200 metros, Usain Bolt fijó otra marca: su nombre fue mencionado 1.300 veces por segundo en la red. "Alerta", dijo Twitter. "@usainbolt fija un nuevo récord de conversación en los Juegos Olímpicos con 80.000 TPM (tweets por minuto) por su victoria en los 200m".

Twitter, no obstante, es un arma de doble filo, que provocó la expulsión de los Juegos de algunos deportistas y puede afectar su concentración antes de una prueba.

La griega Voulal Papachristou fue expulsada de la justa sin siquiera haber competido por haber hecho un comentario inoportuno en la red. "Con tantos africanos en Grecia, ¡los mosquitos de Nilo Occidental se deben estar alimentando bien!", expresó.

El futbolista suizo Michael Morganella sí vino a Londres, pero se tuvo que volver a casa por decir en la red que su equipo acababa de jugar con "una banda de mongólicos" sudcoreanos que "se pueden ir al infierno".

Twitter, por otro lado, puede ser una distracción inoportuna. En plena competencia, la arquera estadounidense Hope Solo tuvo que enfrentar una tormenta de críticas por su reacción a unos comentarios de Brandi Chastain, la jugadora que se hizo famosa por sacarse la camiseta tras anotar el penal que le dio a Estados Unidos la Copa Mundial de fútbol femenino en 1999. Solo le dijo a Chastain que debía dejar de criticar al equipo "hasta que se eduque mejor" y que el deporte había "cambiado en la última década".

El clavadista británico Tom Daley, muy aficionado a Twitter, soportó momentos incómodos cuando luego de quedar fuera del podio en saltos sincronizados, alguien le dijo a través de ese medio que había defraudado a su padre, quien falleció hace poco de cáncer, y amenazó con ahogarlo. El supuesto responsable de esos mensajes fue posteriormente detenido. Y Daley ganó una medalla de bronce en la plataforma de 10 metros individual.

Las autoridades olímpicas quieren evitar este tipo de problemas, pero no pueden prohibirle a los atletas expresarse a través de Twitter ni tienen forma de controlar lo que dicen.

Y, en el fondo, les encanta contar con un instrumento que permite al deporte aumentar su popularidad.