El papa Benedicto XVI expresó hoy su solidaridad a las poblaciones de Filipinas y China, azotadas por fuertes inundaciones y temporales de lluvia, así como a las del noroeste de Irán, golpeadas por un terremoto, que han registrado centenares de víctimas mortales y damnificados.

Tras el tradicional rezo del Ángelus dominical, que de nuevo volvió a dirigir desde el palacio apostólico de Castel Gandolfo, la que es su residencia de verano, unos 30 kilómetros al sur de Roma, el pontífice invitó a los fieles a unirse a su rezo por las personas que perdieron la vida y los afectados por estas "calamidades".

"Mis pensamientos van en este momento a las poblaciones asiáticas, en especial a las de Filipinas y de la República Popular China duramente golpeadas por violentas lluvias, así como las del noroeste de Irán azotadas por un fuerte terremoto", manifestó Benedicto XVI.

El Papa hizo hincapié en las cuantiosas víctimas provocadas por estos desastres naturales y pidió "que no falte a nuestros hermanos nuestra solidaridad y nuestro apoyo".

El pontífice también reflexionó sobre el Evangelio de hoy, que observa el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y sobre la invitación que Jesús dirigió a cuantos había saciado para trabajar por un alimento "que permanece para la vida eterna".

Benedicto XVI explicó que Cristo quiso ayudarles a comprender el significado del gran prodigio realizado, ya que "al saciar de forma milagrosa su hambre física, les preparó para acoger el anuncio que Él es el pan bajado del cielo".

"Jesús es el alimento que da la vida eterna, porque es hijo unigénito de Dios, que está en el seno del Padre, llegado para dar al hombre la vida en plenitud, para introducir al hombre en la vida misma de Dios", agregó.