El Gobierno afgano aseguró hoy que sus fuerzas han matado en las últimas horas a 40 insurgentes en distintos puntos de Afganistán, donde además un jefe de distrito murió hoy víctima de la explosión de un artefacto.

De acuerdo con el Ministerio de Interior, las operaciones militares han tenido lugar en siete provincias del norte, este y sur del país, y sus fuerzas han arrestado además a 30 supuestos insurgentes y han decomisado sus armas.

Según afirmó Interior en un comunicado, las operaciones tuvieron lugar en cooperación con las tropas internacionales en las últimas 24 horas, aunque la misión de la OTAN no hizo alusión a las mismas en su habitual parte informativo de cada día.

Además, un gobernador distrital afgano, su guardaespaldas y un jefe tribal murieron hoy víctimas de la explosión de un artefacto al paso de su vehículo en la provincia oriental afgana de Laghman, según informaron a Efe fuentes oficiales.

"El gobernador del distrito de Alisheng, Faridulá Neyazi, se dirigía a su oficina esta mañana con un líder tribal cuando la bomba estalló al paso de su vehículo", dijo a Efe el vicegobernador de Laghman, Jaluiyatulá Hamidi.

La bomba fue detonada por control remoto supuestamente por los talibanes, aunque ningún portavoz del movimiento insurgente ha reivindicado hasta el momento la autoría del ataque.

Neyazi, el líder tribal y un guardaespaldas murieron en el acto, y una cuarta persona que resultó herida fue evacuada inmediatamente al hospital provincial por las fuerzas afganas que se desplazaron al lugar del atentado.

Las bombas camineras son uno de los métodos más utilizados por la insurgencia talibán y otros grupos afines para derrocar al Gobierno afgano y forzar la salida de las fuerzas internacionales del país.

Este tipo de acciones suelen provocar, no obstante, la muerte de muchos civiles, que se han consolidado como un colectivo muy vulnerable en la guerra afgana durante la última década.