Ella es el alma del equipo que el sábado conquistó oro en vóleibol femenino en los Juegos Olímpicos.

Con 32 años de edad y 1,66 metros de altura, parece diminuta entre las gigantes del equipo brasileño. Pero su reducida estatura es engañosa: Fabi cumple una función titánica que va más allá de su labor de líbero.

Ella es el motor anímico del equipo, aquella que no cesa de alentar a sus compañeras cuando las cosas van mal, y la que más celebra cuando el viento sopla a favor.

"Esta medalla fue difícil, fue una victoria típicamente brasileña, peleada y conquistada con mucha dificultad", declaró después de recoger su presea dorada, la segunda de su carrera olímpica después de su participación en los Juegos de Beijing.

"Si Woody Allen fuera a hacer una película sobre esta victoria, creo que ni siquiera podría completar el guión. Fue una historia demasiado complicada que comenzó con nuestra derrota contra Turquía, después perdimos con Estados Unidos", recordó la líbero brasileña, la que se lanza al piso sin pensarlo a rescatar hasta el remate más difícil.

Para ella, el equipo fue sometido a una prueba de fuego con ese arranque atormentado que vivió Brasil en la primera fase, pero logró aprobar la prueba con creces.

"Este equipo fue puesto a prueba de la peor manera, y cuando las cosas estaban mal, empeoraban aún más", dijo al recordar que la selección llegó a Londres con medio de severas críticas de la prensa por su rendimiento negativo en los preparativos para las Olimpiadas.

Su gesto al final del partido lo dijo todo: con lágrimas en los ojos, se llevó el dedo índice a los labios mientras decía "calla la boca". Ella confirmó que fue un mensaje para todos los críticos de la selección.

"Nosotras conseguimos levantarnos, mostramos que pudimos salir del mal momento. Este equipo tiene recuperación", aseguró Fabi, cuyo nombre de pila es Fabiana Oliveira.

Pese a sus 32 años, la jugadora no quiere pensar en abandonar el deporte de las redes. "No sé si es una despedida, eso tengo que discutirlo con mi equipo", manifestó la jugadora, que ya está pensando en la posibilidad de continuar activa en cuatro años, cuando los Juegos lleguen a Río de Janeiro, en su natal Brasil.